
MOJON: Persona que tiene por oficio catar los vinos para informar de su calidad y sazón. ( R.A.E )
"No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural, en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha; para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré: Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán. Porque vea vuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en semejantes causas".
( Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes )
Todo líquido fermentado o destilado es, antes que una bebida, un elemento cultural. El vino, la cerveza, los aguardientes y los grandes destilados no nacen únicamente de la química de los azúcares y las levaduras, sino de la necesidad profundamente humana de transformar la naturaleza en símbolo, de dotar al tiempo de memoria y al territorio de identidad. Este blog nace con la voluntad de explorar esa dimensión amplia, compleja y fascinante de los vinos y destilados: no como productos aislados, sino como nodos centrales de la historia social, económica, ritual y estética de las sociedades que los han creado.
Desde una perspectiva histórica y antropológica, el vino ha sido alimento, medicina, moneda, ofrenda religiosa y marcador de estatus. En el Mediterráneo antiguo, fue un elemento estructurante de la civilización: Grecia lo integró en su pensamiento filosófico y en el simposio; Roma lo convirtió en vector de expansión económica y cultural; el cristianismo lo cargó de un simbolismo trascendente que aún pervive. En la Península Ibérica, el vino ha articulado paisajes, sistemas agrarios y jerarquías sociales desde época romana hasta las denominaciones de origen contemporáneas, convirtiéndose en una de las expresiones más elocuentes del diálogo entre tradición y modernidad.
Los destilados, por su parte, representan un giro técnico y simbólico decisivo. Nacidos del saber alquímico y médico medieval, el aguardiente, el brandy, el whisky o el ron son hijos de la ciencia aplicada, del comercio global y, en muchos casos, de la violencia colonial. Cada uno condensa una geografía y una historia específica: la caña de azúcar y el Atlántico esclavista, los cereales y la ética protestante del norte de Europa, el vino destilado y la sofisticación cortesana. Comprenderlos exige atender tanto a los alambiques como a las estructuras de poder que los hicieron posibles.
Este blog propone un enfoque transversal: situar el vino y los destilados en relación con el resto de las actividades humanas que los han acompañado, representado y resignificado. La pintura ha fijado escenas de taberna, vendimia y exceso como alegorías morales y sociales; la literatura ha hecho del vino un catalizador de la conversación, la melancolía o la transgresión; el teatro y la ópera lo han utilizado como recurso dramático y símbolo de comunidad; el cine lo ha convertido en fetiche, paisaje emocional o metáfora de decadencia y placer. Incluso la música popular y culta ha recurrido a la embriaguez —real o figurada— como espacio de libertad expresiva.
Lejos de una mirada puramente hedonista o técnica, aquí se abordarán también las tensiones: la regulación moral del consumo, los discursos médicos sobre el alcohol, las fronteras entre ritual y adicción, entre identidad cultural y mercantilización global. Porque el vino y los destilados no solo acompañan a las sociedades; también revelan sus contradicciones, sus miedos y sus aspiraciones.
España ocupará un lugar central en este recorrido, no por excepcionalismo, sino por su condición de cruce histórico entre mundos mediterráneos, atlánticos y continentales. Sus vinos, aguardientes y tradiciones beben de influencias monásticas, islámicas, imperiales y modernas, y dialogan constantemente con otros contextos europeos y globales. Analizar una denominación de origen, una variedad de uva o un método de destilación será siempre una excusa para hablar de paisaje, memoria, trabajo y cultura.
Este espacio aspira, en definitiva, a ser un lugar de reflexión y relato. Un blog para quienes entienden que beber es también un acto cultural, que cada copa contiene siglos de historia y que, al levantarla, participamos —consciente o inconscientemente— de una larga conversación humana que atraviesa el tiempo, las artes y las sociedades. Aquí comienza ese diálogo.
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