RON, HISTORIA DEL MATADIABLOS.

"Quince hombres sobre el cofre del muerto... ¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! La bebida y el diablo se llevaron al resto". (La isla del tesoro).

El ron destaca como uno de los destilados cuya historia ofrece una visión clave para entender la convergencia entre la economía global, los sistemas coloniales, los avances tecnológicos, la cultura material y el significado simbólico de las bebidas alcohólicas. Su desarrollo trasciende la simple evolución de un producto, al configurarse como un fenómeno histórico y antropológico profundamente vinculado al azúcar, la esclavitud, la expansión marítima europea y la construcción de identidades culturales en el contexto del Atlántico.


  Esclavos cortando caña de azúcar. William Clark.

Los orígenes del ron están indisolublemente unidos a la caña de azúcar, una gramínea originaria de Nueva Guinea, fue transportada por los antiguos navegantes hacia la India, desde donde se expandió a China y otras regiones de Oriente alrededor del año 4500 a.C. En el año 642 a.C., los persas invadieron la India, llevando eventualmente este cultivo a sus territorios. Posteriormente, en el siglo VII, tras la conquista árabe de Persia, la caña de azúcar llegó hasta España.

A través del Atlántico, fue en 1493, durante el segundo viaje de Cristóbal Colón, cuando la caña de azúcar llegó al continente americano, siendo introducida en la isla caribeña de La Española, actualmente República Dominicana y Haití. Este histórico intercambio entre América y Europa marcó el inicio de la elaboración del destilado derivado de la caña, conocido hoy como ron. El término aparece documentado por primera vez en Barbados alrededor de 1650, donde se le llamaba "kill-devil" cuyo significado es: "capaz de matar al diablo" posteriormente paso a llamarse con palabra inglesa "rumbullion" que describía las fiestas ruidosas de los piratas y marineros, y se acortó a "rum", expresiones que se referían a "gran tumulto". Para 1667, los ingleses comenzaron a usar el nombre "rum" para esta bebida espirituosa, mientras que los franceses adoptaron la palabra "rhum" y los españoles optaron por ron. Según registros históricos oficiales, la primera referencia formal al término ron quedó plasmada en un decreto emitido por el Gobernador General de Jamaica el 8 de julio de 1668.


Llegada de la caña de azucar 

El mundo islámico medieval jugó un papel clave tanto en la mejora de las técnicas de cultivo como en el refinado del azúcar, aunque, por razones religiosas, no desarrolló destilados alcohólicos a partir de ella. La auténtica transformación se produce a partir del siglo XV, cuando portugueses y castellanos introducen la caña en las islas atlánticas: Madeira, Canarias, Azores y posteriormente, en el Caribe y Brasil tras el inicio de la colonización americana.

En el Caribe del siglo XVII se dan las condiciones técnicas, económicas y sociales que permiten el nacimiento del ron. Las plantaciones azucareras generan enormes cantidades de subproductos, especialmente melazas, residuos viscosos del refinado del azúcar. En un contexto de mano de obra esclavizada, precariedad alimentaria y abundancia de excedentes fermentables, estas melazas comienzan a fermentar espontáneamente. La aplicación de técnicas de destilación, conocidas en Europa desde la Edad Media gracias a la alquimia y la medicina, da lugar a un aguardiente rústico, áspero y potente, conocido en sus primeras denominaciones como "kill-devil" o "matadiablos" y "rumbullion" o tafia. No se trata de un destilado noble en su origen, sino de una bebida funcional, barata, energética, fácilmente reproducible y con un fuerte impacto psicoactivo.


Trapiche meladero. Francisco Oller.

Desde una perspectiva antropológica, el ron se inserta tempranamente en sistemas de control social y económico. En las plantaciones, su consumo forma parte de la dieta forzada de los esclavos, utilizado tanto como recompensa como mecanismo de dominación. Al mismo tiempo, se convierte en moneda de cambio en el comercio triangular, melaza y ron viajan a África para adquirir esclavos, que son trasladados a América para trabajar en plantaciones que producen más azúcar y más ron. Pocas bebidas alcohólicas encarnan de manera tan clara la violencia estructural del capitalismo temprano y la lógica extractiva del colonialismo.

Paralelamente, el ron adquiere un papel central en la cultura marítima. Las marinas europeas, especialmente la británica, lo incorporan como ración oficial. La famosa “tot” de ron de la Royal Navy, establecida en el siglo XVIII, no solo tenía funciones higiénicas y calóricas, sino también disciplinarias y simbólicas. El grog, mezcla de ron y agua (a veces con cítricos), se convierte en un ritual cotidiano que refuerza jerarquías, identidades profesionales y un imaginario marítimo que aún hoy pervive. Este vínculo con el mar explica la profunda asociación del ron con piratas, corsarios y aventureros, una construcción cultural que, aunque romantizada, tiene raíces históricas reales.


Etnográficamente, el ron se diversifica según los contextos coloniales y culturales en los que se produce. En las colonias españolas, francesas e inglesas surgen tradiciones diferenciadas que aún estructuran el mapa del ron contemporáneo. El ron de tradición hispana, más ligero y destilado frecuentemente en columnas continuas, se asocia a Cuba, Puerto Rico, Venezuela o República Dominicana. El ron de tradición inglesa, más pesado y expresivo, ligado al uso de alambiques discontinuos, caracteriza a Jamaica, Barbados o Guyana. El caso francés, particularmente en Martinica y Guadalupe, da lugar al rhum agricole, destilado directamente del jugo fresco de caña, con una identidad sensorial y cultural propia, reconocida incluso mediante denominaciones de origen. Estas diferencias no son meramente técnicas: reflejan modelos económicos, estructuras agrarias, sistemas de propiedad y relaciones culturales con la tierra y la caña.


Ron estilos según origen

El proceso de legitimación cultural del ron es lento. Durante siglos fue percibido como una bebida de clases populares, marineros y esclavos, muy lejos del prestigio asociado al brandy o al whisky. Sin embargo, a partir del siglo XIX y, sobre todo, del XX, el envejecimiento en madera, la estandarización industrial y la emergencia de marcas comerciales contribuyen a su transformación simbólica. El ron empieza a presentarse como un destilado refinado, apto para el consumo burgués y para la exportación global. Este proceso no está exento de tensiones, pues implica, en muchos casos, la invisibilización de su pasado violento y de las comunidades productoras.

La huella cultural del ron es profunda y transversal. En la literatura, aparece de forma recurrente como símbolo de evasión, exceso, marginalidad o libertad. Desde los relatos de piratas del siglo XVIII hasta autores como Herman Melville, Robert Louis Stevenson o, más tarde, escritores del Caribe como Derek Walcott, el ron actúa como marcador de atmósfera y de identidad cultural. En la poesía antillana y caribeña, el ron se vincula tanto a la celebración como a la memoria del trauma colonial.

En la música, su presencia es igualmente significativa. En el Caribe, el ron acompaña rituales festivos, ceremonias populares y géneros musicales como el son cubano, la rumba, el calipso, el reggae o el zouk. No es solo una bebida, sino un lubricante social que estructura espacios de sociabilidad, baile y resistencia cultural. En el blues y el jazz afroamericano, el ron y otros alcoholes aparecen como símbolos de evasión frente a la opresión y la pobreza. Más adelante, en la música popular del siglo XX, el imaginario tropical asociado al ron es explotado por la industria cultural, especialmente en Estados Unidos y Europa.


El cine ha desempeñado un papel decisivo en la construcción del mito del ron. Hollywood consolidó su asociación con el exotismo caribeño, la piratería y la aventura. Paralelamente, el ron aparece en el cine negro y en el drama social como compañero de la derrota, la melancolía o el desarraigo. En el cine latinoamericano y caribeño, su presencia suele ser más ambigua y realista, ligada a contextos de pobreza, trabajo y memoria histórica.

En las artes plásticas, el ron y el universo azucarero aparecen representados en la pintura costumbrista caribeña, en escenas de ingenios, tabernas y puertos, así como en obras contemporáneas que reflexionan críticamente sobre la herencia colonial, la esclavitud y la explotación. Artistas del Caribe han utilizado el azúcar y el ron como materiales simbólicos para cuestionar narrativas oficiales y recuperar voces silenciadas.


En definitiva, la historia del ron es la historia de un destilado profundamente político. Su evolución permite analizar procesos de globalización temprana, transferencia tecnológica, construcción de identidades culturales y resignificación simbólica de los productos alimentarios. Hoy, cuando el ron se presenta en catas especializadas y discursos de alta cultura gastronómica, resulta imprescindible recordar que su complejidad sensorial es inseparable de una complejidad histórica y antropológica mucho más amplia. Comprender el ron implica, por tanto, comprender el mundo atlántico moderno, con todas sus contradicciones, violencias y mestizajes culturales.

No hay comentarios: