Mostrando entradas con la etiqueta CURIOSIDADES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CURIOSIDADES. Mostrar todas las entradas

LAS FUENTES DEL VINO.

"Las muchachas del lugar volvían de la fuente con sus cántaros en la cabeza, volvían cantando y riendo con un ruido y una algazara que sólo pudieran compararse a la alegre algarabía de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor de la veleta de un campanario". (Gustavo Adolfo Becquer).

Las fuentes del vino son manifestaciones culturales en las que el vino, en lugar de permanecer en el ámbito privado o comercial, se hace visible y accesible en el espacio público, adoptando la forma simbólica de una fuente. No nacen de una necesidad práctica, sino de una lógica social y ritual: el vino fluye para ser compartido, celebrado y ofrecido, convirtiéndose en un gesto de hospitalidad, de identidad colectiva y de memoria histórica. En ellas el vino deja de ser únicamente un producto agrícola o una mercancía para transformarse en un bien comunitario cargado de significados.


Históricamente, las fuentes del vino aparecen en territorios donde la viticultura ha sido estructural para la economía, el paisaje y la cultura. Su existencia está ligada a comunidades que se reconocen a sí mismas como “territorios de vino” y que utilizan estas fuentes para expresar públicamente esa condición. En muchos casos están vinculadas a caminos de peregrinación, fiestas de la vendimia, celebraciones religiosas o conmemoraciones cívicas, funcionando como espacios de acogida y de cohesión social. El acto de beber vino de una fuente pública remite a antiguas prácticas de hospitalidad y a una concepción del vino como don, no como objeto de consumo individual.

Desde una perspectiva antropológica, las fuentes del vino simbolizan la abundancia, el ciclo agrícola y la continuidad entre naturaleza y cultura. El vino que mana representa el fruto del trabajo colectivo, la viña, la vendimia, la elaboración y su circulación pública refuerza los lazos comunitarios. Por ello, muchas de estas fuentes no son permanentes, sino que aparecen de forma ritualizada durante determinados momentos del calendario, especialmente en torno a la vendimia, cuando el vino nuevo se integra en la celebración festiva y en la afirmación identitaria del territorio.

La niña del cántaro. Julio Romero de Torres.

En el contexto contemporáneo, las fuentes del vino han adquirido también una dimensión enoturística, pero su valor no reside únicamente en lo pintoresco o lo anecdótico, sino en su capacidad para narrar una historia. Son lugares donde el vino se explica a través del paisaje, de la tradición, de la religión, de la fiesta y de la vida cotidiana. Lejos de ser simples atracciones, constituyen una forma de patrimonio cultural inmaterial materializado en el espacio público. En ellas se entiende que el vino no es solo una bebida, sino un hecho social total, un elemento que conecta agricultura, cultura, ritual y convivencia humana.

Fuente del Vino  Bodegas Irache (Ayegui, Navarra, España).

La icónica fuente de vino emerge ante los peregrinos que transitan por el Camino de Santiago francés, brindándoles un singular punto de descanso y recuperación. Su propósito se resume en las palabras inscritas en uno de los carteles que la acompañan: "Para reponer fuerzas", aunque con la prudencia de disfrutarla sin excesos. Este peculiar enclave se encuentra situado en el término de Ayegui, a escasos kilómetros tras abandonar Estella en dirección a Los Arcos. La región, además, se distingue notablemente por la riqueza de sus vinos, amparados bajo la Denominación de Origen Navarra.


La fuente, propiedad de las Bodegas Irache, se abastece diariamente con 100 litros de vino obtenido de sus cosechas. Está integrada en uno de los muros que lindan con el camino y cuenta con dos surtidores, uno de vino y otro de agua, para quienes prefieran refrescarse de otra manera. Localizarla no presenta dificultad, basta con buscar el punto donde varios peregrinos se detienen a rellenar sus cantimploras. Aunque este singular servicio es gratuito, se pide consumir con moderación, recordando el lema que acompaña la fuente: "Disfrutar sin exceso es el verdadero obsequio, y si más deseas, el vino ha de ser adquirido".


La tradición de ofrecer vino a los peregrinos es bastante más antigua, pues ya los monjes que habitaban originariamente el monasterio Santa María la Real de Irache, ubicado junto a las bodegas, solían ofrecer un trago a los caminantes que paraban en sus tierras. 

Fontana del Vino Caldari di Ortona (Abruzzo, Italia).

En la región italiana de Abruzzo, al sur del país, hay un rincón singular donde el vino no solo se adquiere en restaurantes o bodegas, sino que brota de una fuente pública disponible para cualquiera. Este lugar es Caldari di Ortona, un pequeño pueblo que, desde 2016, ha ganado reconocimiento internacional gracias a la famosa Fontana del Vino. Esta original iniciativa brinda vino tinto gratis las 24 horas del día y se ha transformado en uno de los emblemas más peculiares de la hospitalidad italiana.


La Fontana del Vino surge como resultado de la asociación entre la bodega Dora Sarchese y la organización sin ánimo de lucro Cammino di San Tommaso, encargada de administrar una ruta de peregrinaje que une Roma con la ciudad de Ortona, siguiendo el legado del Apóstol Santo Tomás. Este original proyecto se ideó con la intención de brindar una cálida acogida a los viajeros que transitan este camino espiritual, ofreciéndoles un espacio para relajarse y disfrutar, convirtiéndose en un simbólico instante de pausa y celebración tras una jornada de recorrido.


El vino que fluye de la fuente es Montepulciano d'Abruzzo, una de las variedades más emblemáticas de la región, reconocida por su sabor intenso y su profundo vínculo con la cultura local. A diferencia de otras estrategias promocionales, la Fontana del Vino no está limitada a temporadas turísticas o celebraciones especiales, permanece activa todo el año, las 24 horas del día, como una instalación permanente. Inicialmente creada para atender a los peregrinos, con el paso del tiempo la fuente se transformó en un lugar de encuentro abierto para todo el que la visite. Turistas, lugareños y viajeros ocasionales pueden disfrutar de una copa y vivir un instante que fusiona lo cotidiano con lo extraordinario.

Fuente del Vino de Cádiar (Granada, España).

Durante la Feria de Cádiar, la emblemática Fuente del Vino ofrece vino gratuitamente a todos los visitantes que se acercan a ella. Desde el año 1967, esta fuente constituye un elemento simbólico y destacado de la Feria y Fiestas de Otoño, celebración dedicada al Santo Cristo de la Salud y a Nuestra Señora de la Esperanza. Asimismo, forma parte de la histórica Real Feria de Ganados, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, periodo en el que Cádiar se consolidó como un relevante centro comercial dentro de la comarca. En reconocimiento a su trascendencia cultural e histórica, la Fuente del Vino fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Andalucía en el año 2008, reafirmando su significación patrimonial para la región.


La fuente fue construida en 1967 por iniciativa de un grupo de amigos desde ese momento, se convirtió en una tradición arraigada en la localidad. En sus inicios, se planteó la idea de que cada cosechero donara media o una arroba de vino para su organización. Sin embargo, al considerar los inconvenientes de mezclar diferentes tipos de vinos, se optó por una alternativa más práctica, que aquellos interesados en colaborar aportaran una contribución en metálico según sus posibilidades.


En sus inicios, la Fuente del Vino de Cádiar contaba con dos caños. Uno de ellos proporcionaba agua para lavar los vasos, mientras que el otro ofrecía un flujo constante de vino, gracias a un sistema de bombeo que retornaba el líquido al tonel. En 2014, esta fuente fue rediseñada con un estilo más moderno y racionalista, convirtiéndose en una rotonda que integra una fuente de agua decorada con un poema de Enrique Morón. Diseñada por la arquitecta Raquel Ruiz Monge, la estructura combina dos espacios conectados mediante amplios muros curvos que evocan un gesto acogedor. Además, se erigen cuatro pilares representativos de los fundadores originales de la Fuente del Vino.

Fuente del Vino de Jumilla (Murcia, España).

Cada año, con motivo de la celebración de la Fiesta de la Vendimia, una de las fuentes de la localidad es decorada con motivos relacionados con la vitivinicultura y la tradición etnográfica, transformándose en un atractivo singular del cual fluye vino durante los diez días que duran las festividades. Inicialmente, esta tradición se llevaba a cabo en el Jardín de la Glorieta, utilizando como base la fuente situada en este lugar, construida en el año 1901 para conmemorar la llegada de agua potable a Jumilla.

En el día de su inauguración, tras el simbólico acto en el que los vendimiadores vierten el vino utilizando los tradicionales cántaros, la Fuente comienza a derramar su ansiado néctar. Acto seguido, al ritmo festivo de las charangas, los estandartes de las diferentes peñas se mueven en un animado baile alrededor del Niño de las Uvas, realzando así el espíritu solemne y festivo de la celebración.


En la actualidad, tras haberse llevado a cabo también en el Jardín de la Constitución, esta actividad se realiza en el Jardín del Rey Don Pedro. Este espacio ofrece mayor capacidad para los asistentes y cuenta con una fuente de mayor tamaño, lo que permite la creación de diseños más elaborados y visualmente impactantes. Cualquier visitante que se aproxime a contemplarla puede apreciar cómo el vino fluye de la estructura, mientras admira los espléndidos adornos que la coronan en su parte superior. Estos detalles incluyen barriles, cestos, botellas y diversos utensilios vinculados al universo del vino y la viticultura.


Fuente de Vino de Marezige (Eslovenia).

En el corazón de la Istria eslovena, donde el relieve se ondula entre el Adriático y las cumbres kársticas, la pequeña localidad de Marezige ha logrado convertir un gesto cotidiano en un potente símbolo de identidad colectiva a través de su Vinska Fontana (Fuente de Vino). La fuente, situada en una balconada natural que ofrece una panorámica lírica de la bahía de Koper, funciona como un museo al aire libre donde la cultura líquida se narra a través de sus variedades autóctonas.


Al acercarse a sus grifos, el visitante no solo encuentra vino, sino el relato de un ecosistema mediterráneo único. La Refošk (Refosco), con su color rubí intenso, casi violáceo, y sus notas de bayas silvestres y acidez vibrante, domina el paisaje sensorial. Junto a ella, la Malvazija (Malvasía de Istria) aporta el contrapunto luminoso y aromático, conectando la tradición eslovena con el gran arco cultural del Mediterráneo que los venecianos ayudaron a difundir hace siglos.


La integración de la fuente en el entorno, flanqueada por viejos lagares y bajo la sombra de la iglesia de la Santa Cruz, vincula lo sagrado y lo profano, el esfuerzo agrícola y el disfrute estético, reafirmando que en Eslovenia el vino es el hilo conductor de una historia de supervivencia y orgullo regional que se bebe a sorbos pausados frente al horizonte.

La Fuente de la Discordia: Sagra dell'Uva de Marino (Lacio, Italia).

La Sagra dell'Uva de Marino, celebrada en el corazón de los Castelli Romani, representa uno de los episodios más fascinantes de la antropología festiva del Lacio, donde lo sagrado y lo profano se diluyen bajo el flujo del vino blanco local. Esta festividad, instituida formalmente en 1925 por el poeta Leone Ciprelli pero con raíces que hunden sus cimientos en la victoria de la batalla de Lepanto en 1571, alcanza su clímax en el denominado "milagro de las fuentes".


En este momento de catarsis colectiva, el agua que normalmente fluye por las fuentes monumentales del pueblo, como la Fontana de los Cuatro Moros, es sustituida por el vino de la Denominación de Origen Marino, un blanco de carácter volcánico que encarna la identidad geológica de esta región cercana a Roma. Este fenómeno, que atrae a miles de visitantes cada primer domingo de octubre, no es solo un reclamo turístico, sino una manifestación de la abundancia agrícola y un vínculo histórico con la figura de Marcantonio Colonna, el almirante que regresó triunfante a Marino tras la contienda contra los otomanos.


La atmósfera que se respira en sus calles empedradas, decoradas con racimos de uva malvasía y trebbiano, evoca las antiguas dionisíacas mediterráneas, donde el exceso controlado servía para cohesionar a la comunidad y agradecer los frutos de la tierra.

Fontana delle Tette – Treviso (Véneto, Italia).

En el corazón de la Marca Trevigiana, donde el paisaje parece una extensión natural de la serenidad del Véneto, se halla un vestigio arqueológico y social que nos habla de la relación intrínseca entre el vino y el poder: la Fontana delle Tette. Este monumento, lejos de ser una simple curiosidad erótica o una excentricidad escultórica, representa un capítulo fundamental en la construcción de la identidad urbana de Treviso tras su integración en la República de Venecia.


Corría el año 1559, tras una severa sequía que azotó la región, cuando el podestá veneciano Alvise da Ponte ordenó la construcción de esta fuente. En una época donde la legitimidad del gobierno se cimentaba tanto en la fuerza como en la benevolencia, la fuente fue concebida como un gesto de "pax veneta".

Lo que hace extraordinario a este monumento es su función litúrgica y festiva. Hasta la caída de la Serenísima República en 1797, cada año, coincidiendo con la investidura del nuevo podestá, de los pechos de la estatua manaba vino de forma gratuita durante tres días consecutivos. No era un solo tipo, de un seno brotaba vino tinto y del otro vino blanco, permitiendo que el pueblo celebrara la renovación del ciclo político a través de un rito de comunión báquica.


La escultura original, tallada en piedra de Istria, sufrió el desgaste del tiempo y las vicisitudes históricas, encontrándose hoy resguardada en una vitrina bajo el pórtico del Palazzo dei Trecento. Sin embargo, la copia que preside el patio de la Loggia dei Cavalieri sigue siendo un hito geográfico esencial para entender la estructura de la ciudad medieval, donde el agua y el vino fluían por los mismos canales de socialización.

La fuente de Mileștii Mici (Moldavia).

La fuente de Mileștii Mici, en Moldavia, es una declaración de principios: la del vino como el alma que recorre las venas de una nación. Ubicada a las puertas de la que es, oficialmente, la bodega más grande del mundo según el Libro Guinness de los Récords, esta fuente recibe al visitante no con agua, sino con la ilusión visual y sensorial de los dos pilares de su producción: el tinto y el blanco.


Esta fuente actúa como un umbral. Cruzar el patio de Mileștii Mici y contemplar el flujo constante del vino es prepararse para entrar en un espacio donde el tiempo se detiene. Para el pueblo moldavo, que ha resistido bajo diferentes imperios y regímenes, el vino es un símbolo de resiliencia. Durante la época soviética, estas bodegas fueron estratégicas, y hoy son el orgullo de una república independiente que busca su lugar en el mundo a través de la calidad de sus vinos.

UN GALLO Y SU LEYENDA.

"Era como un gallo que creía que el sol había salido para oírle cantar". (George Eliot).

Esta fascinante leyenda, profundamente arraigada en la tradición italiana, se destaca como una de las más cautivadoras y emblemáticas. Combina magistralmente la astucia política, la histórica rivalidad entre las ciudades-estado y el simbolismo animal, que con el tiempo evolucionó en un elemento definitorio de una de las regiones vinícolas más renombradas del mundo. Para entender el significado del Gallo Negro (Gallo Nero), es esencial transportarnos al corazón de la Toscana medieval, un lugar donde la armonía de sus paisajes contrastaba con la intensa brutalidad de los conflictos por el control territorial.


El valle del Chianti

Durante los siglos XIII y XIV, las ciudades de Florencia y Siena vivieron en constante enfrentamiento, enfrascadas en una guerra que parecía no tener fin. La raíz de este conflicto era la fértil y estratégica región del Chianti, ubicada en un punto intermedio entre ambas potencias. Incapaces de establecer una frontera definitiva por medios militares, decidieron resolver la disputa de una manera mucho más original y pacífica.

El acuerdo al que llegaron era claro: al amanecer, un caballero partiría a toda velocidad desde Florencia y otro haría lo mismo desde Siena, dirigiéndose hacia la ciudad contraria. El lugar exacto donde ambos jinetes se encontraran sería declarado como la línea límite oficial entre los dos territorios. Para garantizar que el punto de partida fuera justo para ambas partes, se estableció que la señal para iniciar la cabalgata sería completamente natural y surgiera simultáneamente: el primer canto de un gallo al despuntar el alba.


Aquí es donde la leyenda da un giro ingenioso. Los habitantes de Siena seleccionaron un majestuoso gallo blanco, al que cuidaron meticulosamente, ofreciéndole los mejores alimentos para que estuviera fuerte, sano y rebosante de felicidad, convencidos de que su energía lo haría cantar con gran ímpetu al primer destello del amanecer. 

En cambio, los florentinos se decantaron por un gallo negro, pero decidieron emplear una estrategia distinta basada en la privación. Lo encerraron en una jaula pequeña y oscura, sometiéndolo a varios días sin comida. El pobre animal, famélico, desconcertado y consumido por la ansiedad del cautiverio, se encontraba en un estado de desesperación absoluta.


En el día señalado para la competición, el gallo negro de Florencia fue liberado de su jaula mucho antes de que el amanecer comenzara a teñir el cielo. Al sentir la libertad tras la oscuridad de su confinamiento, impulsado por un hambre intensa y su instinto de preservación, comenzó a cantar con fuerza en plena noche cerrada, adelantándose al resplandor del alba.

Este canto prematuro permitió que el caballero florentino emprendiera su partida de forma inmediata, obteniendo preciosas horas de ventaja. Mientras tanto, en Siena, el gallo blanco descansaba despreocupadamente, satisfecho por su abundante comida y cómodo en su bienestar. Con calma, aguardaba a que los primeros rayos del sol iluminaran el horizonte antes de entonar su canto inicial.

Cuando el gallo blanco finalmente cantó, dando paso a la partida del jinete sienés, el caballero florentino ya había avanzado gran parte del recorrido. El esperado encuentro entre ambos competidores tuvo lugar cerca de Fonterutoli, apenas 12 kilómetros antes de alcanzar las murallas de Siena. Esta astuta estrategia permitió a Florencia anexar prácticamente toda la región del Chianti, dejando a Siena con un territorio reducido en comparación.


Lo que comenzó como una leyenda sobre la astucia en la frontera se convirtió en un símbolo de calidad y orgullo regional. En el año 1384, la Liga del Chianti adoptó oficialmente la imagen del gallo negro en su escudo de armas. Siglos más tarde, cuando se hizo necesario proteger la autenticidad de los vinos producidos en esta zona específica, se fundó el Consorzio Vino Chianti Classico.

Hoy en día, si visitas una tienda de vinos o recorres los viñedos de la Toscana, verás que el emblema del Gallo Nero es la marca distintiva que aparece en el cuello de las botellas de Chianti Classico. Es un sello de denominación de origen que garantiza que el vino ha sido producido siguiendo los métodos tradicionales en el corazón geográfico del Chianti, aquel territorio ganado gracias al hambre de un gallo negro hace cientos de años.


Es curioso pensar que una de las fronteras más importantes de la historia italiana no fue trazada por un tratado diplomático ni por una batalla sangrienta, sino por la diferencia entre la glotonería de un ave blanca y la desesperación de una negra. Esta historia sigue viva en cada copa de vino, recordándonos que, a veces, la astucia y la observación del comportamiento animal pueden cambiar el destino de un mapa para siempre. 

EL CANDELECHO. ARQUITECTURA MINIMA.

¿Quis custodiet ipsos custodes?¿Quién vigila a los vigilantes?¿y si aquellos en los que uno confía para que controlen y eviten una infidelidad, son los que al final están cometiéndola? (Juvenal).

En el paisaje aparentemente uniforme de las viñas del Marco de Jerez existió durante siglos una arquitectura humilde, casi invisible, cuya función fue esencial para la economía del vino y la vida rural: el candelecho. Este término, hoy prácticamente olvidado, designaba una choza o bohío construido en altura, sobre estacas, desde la que se vigilaban los viñedos durante los periodos más delicados del ciclo de la vid.


El candelecho, conocido también como bienteveo en algunas zonas de la campiña jerezana, respondía a una necesidad concreta, proteger la uva frente al robo, el ganado suelto y, sobre todo, las aves, en especial durante la maduración previa a la vendimia. Elevado varios metros sobre el suelo, permitía una visión amplia y despejada del pago, convirtiéndose en un puesto de observación permanente.

Desde el punto de vista constructivo, el candelecho era una muestra paradigmática de arquitectura vernácula efímera. Se levantaba con materiales del entorno inmediato: troncos de pino o eucalipto para las estacas, cañas, palos, sarmientos y ramaje para las paredes, y techumbres ligeras de paja, juncos o retama. No estaba pensado para durar, sino para cumplir su función durante una o dos campañas.

El acceso solía hacerse mediante una escala rudimentaria, a veces desmontable, que reforzaba su carácter defensivo. En su interior apenas había más que un asiento, algún utensilio y, ocasionalmente, un pequeño hornillo. Desde allí, el guarda, frecuentemente un jornalero veterano o un muchacho del cortijo, pasaba largas horas oteando el viñedo, ahuyentando pájaros con voces, palos, latas o simples gestos.


El nombre alternativo de bienteveo no es casual. Además de ser el nombre de un ave muy común en los campos andaluces, el término alude directamente a la función del puesto, ver bien. Ver antes que nadie. Detectar movimiento, vigilar lindes, anticipar la pérdida. El candelecho era, en este sentido, una atalaya campesina, un ojo elevado en medio del mar de cepas.

Más allá de su función práctica, el candelecho tuvo también una dimensión social y simbólica. Representaba la confianza del propietario y, al mismo tiempo, la precariedad del trabajo rural. Aislado, expuesto al sol, al viento y al frío nocturno, el vigilante encarnaba una figura casi liminal, ni completamente integrado en la cuadrilla, ni apartado del todo, suspendido literalmente sobre el terreno.

Con la llegada de los vallados, los sistemas modernos de vigilancia y los cambios en la estructura de la propiedad agraria, el candelecho desapareció del paisaje. No dejó ruinas visibles ni planos, solo recuerdos orales y referencias dispersas en el habla de los mayores.

Hoy, recuperar el término candelecho es recuperar una forma de habitar y controlar el espacio agrícola que fue tan simple como eficaz. Es nombrar una arquitectura mínima, hecha de necesidad y conocimiento del entorno, que durante generaciones protegió silenciosamente la riqueza más frágil del viñedo, la uva madura, a punto de convertirse en vino.

En la memoria de las viñas de Jerez, el candelecho sigue en pie, aunque ya no se vea.

IUS OSCULI. DERECHO DE BESO.

Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso. (Lord Byron).

El "Ius Osculi", conocido como el derecho de beso, era una práctica vigente en la antigua Roma que otorgaba a cualquier hombre perteneciente a la familia de una mujer considerada "respetable" el permiso de besarla en los labios. Este gesto tenía como propósito identificar, a través del olor, si la mujer había consumido vino.


En la antigua Roma, se prohibía el consumo de vino a las mujeres consideradas "honestae", esto es, respetables, dado que se creía que esta bebida podía incitarlas a cometer adulterio y facilitar prácticas como el aborto. Cabe destacar que, en ese contexto histórico, las mujeres que abortaban sin el consentimiento de sus esposos podían ser repudiadas. En contraste, las mujeres clasificadas como "probrosae", término que englobaba grupos como prostitutas, bailarinas, actrices, cantantes, camareras y otras actividades consideradas deshonrosas, tenían permitido el consumo de vino.

El acto de beber vino representaba un riesgo significativo para las mujeres, ya que podía derivar en su repudio por parte del esposo o incluso en castigos aplicados por otros miembros de la familia en ausencia del marido, sin la necesidad de un juicio público. Entre las formas más frecuentes de castigo se encontraban el confinamiento en el hogar y, en algunos casos, la aplicación de violencia física, que podía incluir desde golpizas hasta asesinato por inanición. Además, la mera prueba de que una mujer poseía la llave de la bodega podía ser motivo suficiente para recibir sanciones, aun si no había consumido el vino. En estas situaciones, el castigo correspondiente también solía ser el repudio.

Complementariamente, se establecía un mecanismo de control denominado "derecho de beso", el cual otorgaba al marido la potestad de verificar diariamente si su esposa había bebido vino. Aunque esta práctica estaba prescrita por ley para realizarse con regularidad, no todos los esposos la ejercían de manera cotidiana, dejando en evidencia una variabilidad en las formas de control aplicadas en el ámbito doméstico.


Tradicionalmente, se atribuía a Rómulo, figura mítica y fundador de Roma, la instauración de este derecho, el cual permaneció en vigor, al menos, hasta el reinado del emperador Tiberio (14-37 d. C.). Durante este período, Tiberio tomó medidas para prohibirlo o restringirlo únicamente a casos evidentes, con el propósito de prevenir la propagación de enfermedades como el herpes.

El "ius osculi" situaba a la mujer en una posición de subordinación e inferioridad frente al hombre. No obstante, se señala que Agripina utilizó esta prerrogativa masculina para solicitar ser besada por el emperador Claudio, lo que constituye un ejemplo de su uso en un contexto político y personal.

Por otro lado, algunos planteamientos alternativos, particularmente desarrollados en el siglo XIX y defendidos por representantes destacados como Johann Jakob Bachofen en su obra Das Mutterrecht (El matriarcado, 1861), sostienen que el "ius osculi" podría interpretarse como un último vestigio de una sociedad matriarcal primitiva que habría existido en Roma antes de ser suplantada por el modelo patriarcal predominante conocido históricamente.


El beso. Auguste Rodin.

CURIOSIDADES.

CATEGORIA CURIOSIDADES

Pienso que si perdemos la curiosidad no hay nada; no hay reflexión y, por tanto, no hay conocimiento y no hay ninguna posibilidad de saber. (Luis Eduardo Aute).

La curiosidad es una de esas emociones que despiertan nuestro lado más explorador y nos invitan a descubrir el mundo con una perspectiva renovada. Esta inquietud por aprender, conocer y vivir nuevas experiencias nos impulsa a ir más allá de lo habitual, desafiando límites y expandiendo el horizonte de nuestras ideas. Se trata de una emoción positiva que nos conecta profundamente con el deseo de entender, de cuestionar lo establecido y de disfrutar el proceso de aprendizaje. Aunque puede manifestarse de forma temporal, también es frecuente que se convierta en una característica esencial de nuestra personalidad, definiendo parte de quienes somos.


En el apasionante universo del vino y los destilados, la curiosidad toma otra dimensión: se traduce en datos fascinantes que despiertan interés, generan admiración y, muchas veces, nos arrancan una sonrisa por su rareza o peculiaridad. Estas pequeñas joyas informativas suelen destacar por ser originales e inesperadas, transformando lo cotidiano en algo extraordinario. Desde historias curiosas sobre el origen de un vino hasta descubrimientos científicos relacionados con la enología, estos elementos retan nuestra percepción y nos invitan a explorar un mundo lleno de sabor y sorpresa. Sin duda, la curiosidad aplicada al mundo del vino y destilados nos recuerda que hay mucho más detrás de esto que saboreamos; es toda una aventura que entrelaza historia, cultura y creatividad.


Uno de los aspectos más fascinantes y poderosos de la curiosidad radica en su capacidad de influir profundamente en nuestra motivación interna, ese motor invisible que nos impulsa a actuar por el puro placer de hacerlo, sin esperar recompensas externas. Cuando algo despierta nuestro interés de manera genuina, ya sea un tema que nos intriga o una actividad que nos atrae, nos involucramos con más entusiasmo, dedicación y concentración, forjando una conexión más significativa con aquello que hacemos. 

La curiosidad actúa como un catalizador en este proceso, avivando nuestra innata necesidad de explorar y formular preguntas. Gracias a esto, lo que podría parecer una tarea rutinaria o monótona se transforma en una experiencia vibrante y enriquecedora. Más allá de percibir el aprendizaje como una simple responsabilidad o una carga pesada, lo recibimos como una aventura apasionante. Una travesía que nos impulsa a descubrir nuevas perspectivas, saciar nuestras inquietudes interiores y expandir los límites de nuestro entendimiento del mundo que nos rodea.

PANDEMIA Y VINO. LAS VENTANAS DEL VINO.

“Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda a las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”. (Albert Camus).

La peste negra o peste bubónica fue una de las epidemias más terribles de la historia y duró varios años en los que se llevó la vida de al menos más de un tercio de la población de Europa, aunque ignoramos la cantidad exacta de muertos que causó se estima próxima a los 200 millones y tuvo su mayor impacto a mediados del siglo XIV. En esa época, para evitar el contagio, se llevaron a cabo algunas medidas que hoy Italia revive para luchar contra el coronavirus. En el país europeo, uno de los más castigados por el COVID-19, y ante algunos inquietantes rebrotes del virus, vuelven las "ventanas de vino" buchette del vino, de la Toscana, una tradición durante la peste negra.

Son ventanas o aberturas de un tamaño pequeño realzadas en las paredes de las bodegas y tiendas urbanas de apenas unos centímetros de grosor, situadas a un metro de altura del suelo, donde los comerciantes de bebidas se las ingenian para continuar trabajando y servir vasos de vino y otras bebidas y al mismo tiempo intentar mantener una distancia segura para evitar el contagio. La ventana del vino o buchette del vino, cuya traducción literal es agujero del vino, se comenzaron a construir en las casas florentinas en el siglo XVII y ahora han vuelto a convertirse en un modo de venta a causa de la pandemia de coronavirus. A través de estas aberturas, los vendedores entregaban las botellas a los clientes, pero no recibían el pago directamente de sus manos, sino que disponían de una caja especial para aceptar las monedas, que luego desinfectaban con vinagre.


Solo en Florencia existían más de 150 de estas ventanas en la ciudad antigua, dentro de las murallas, aunque algunas de ellas se tapiaron y perdieron. De todos modos, la lista va creciendo con los nuevos descubrimientos, tanto en la ciudad como en toda la región de la Toscana. Pese a las tristes circunstancias en las que estas preciosas ventanas han saltado a los titulares -no perdamos de vista que estamos hablando de pandemias pasadas y presentes-, la verdad es que se acaban de convertir en un motivo más para volver a Florencia. Y pedir un vino, claro.

LOS TAPONES DEL VINO.

"En la vida los bloques de granito se hunden, los corchos siguen flotando". (Auguste Renoir).

En la obtención de un vino hay muchos elementos a tener en cuenta que influirán directamente en la calidad y carácter del producto final. Hay factores específicos de cada tipo de vino que le trasmiten su propia personalidad, como los tipos de uva empleados en su elaboración, la región de procedencia y las características geoclimaticas que esto conlleva, o los medios concretos de producción y maduración que emplea cada bodega: tiempos de envejecimiento, tipos de barricas, control de la atmósfera durante el embotellado, etc.


Las variables para tener en cuenta a la hora de obtener un vino son muy numerosas. Por tanto, es por ello que, con el transcurso del tiempo, este procedimiento se ha ido convirtiendo en una minuciosa y compleja labor. Una de las variables más importantes a tener en cuenta es la elección del tapón para las botellas de vino. A continuación, veremos la influencia que tiene el tapón en el desarrollo y la calidad final de un vino, qué tipos de tapones existen actualmente en el mercado y cuáles son las ventajas e inconvenientes de unos y otros.

Desde que conocemos el vino, siempre ha sido importante encontrar un procedimiento mediante el cual conservar las propiedades del producto de la influencia negativa del paso del tiempo. En la antigüedad, el vino se conservaba en ánforas y otros recipientes cerámicos y ya en ese tiempo se crean cierres para estos envases. En un inicio, estos cierres estaban fabricados de madera revestida de tejidos y pieles primeramente tratadas con aceites y grasas. Esto, como es de presumir, afectaba significativamente las propiedades del vino. Y, por otra parte, no se conseguía un sellado totalmente hermético.


Los griegos fueron quienes entorno al siglo V antes de Cristo dieron solución a esa contrariedad, comenzando a utilizar el corcho como material para la fabricación de todo tipo de cierres para envases. En el siglo XVII, con el perfeccionamiento del uso del vidrio en la fabricación de botellas, se tomó el tapón de corcho como método utilizado para el cierre de estos nuevos envases. Desde entonces el corcho es el material que ha manifestado ser más propicio para la correcta conservación del vino. El corcho es una materia prima completamente natural extraída de la corteza del alcornoque (Quercus suber L). Sus propiedades únicas le atribuyen unas cualidades sin precedentes. Las características propias del corcho lo hacen casi perfecto para este fin. Es un material ligero, elástico y comprimible. Es prácticamente impermeable a la transferencia de líquidos y gases. Proporciona una gran adherencia al vidrio, facilitando un buen sellado de la botella. Se trata de un material inerte. Esto evita que pueda degradarse a través de procesos orgánicos que desemboquen en putrefacción. Gracias a esto, se puede aislar el vino de los microorganismos existentes en el exterior de la botella.

No obstante, a pesar de esta aparente eficacia del tapón de corcho tradicional como cierre de las botellas de vino, el corcho no es totalmente perfecto. Desde hace varias décadas, se vienen desarrollando investigaciones y propuestas de cierres alternativos. Cada tipo de cierre aporta características diferentes, por lo que es interesante conocer cómo afecta cada uno de ellos a la conservación y al proceso de maduración del vino. Veamos pues, qué tipos de tapones son los que podemos encontrar en la mayoría de las botellas de vino del mercado.



TAPONES DE CORCHO


DE CORCHO NATURAL


Están hechos a partir de una sola pieza de corcho de alta calidad y con pocos poros. Proporcionan una gran adherencia de la superficie lateral del tapón con el vidrio de la botella. Esto se debe a que las células muertas del corcho actúan como si fuesen millones de “microventosas”. Aun así, el cierre no es totalmente hermético. Según un estudio desarrollado por la Facultad de Enología de la Universidad de Burdeos, el tapón de corcho natural deja que penetren pequeñísimas cantidades de aire durante los primeros 12 meses de maduración del vino en botella. A partir de ese momento, siempre que conservemos la botella de vino en posición horizontal, el contacto del líquido con el corcho hace que este último se expanda, proporcionando un cierre prácticamente hermético. La presencia de estas cantidades mínimas de oxígeno dentro de la botella parece ser positivas de cara a la correcta evolución del vino en los primeros meses, tras los cuales, la atmósfera se del interior de la botella se hace más reductora. Y exactamente a esto se deberían las virtudes que hacen del tapón de corcho natural el mejor cierre disponible en la actualidad. Es decir, a la mezcla de mínima permeabilidad durante el primer año y casi hermeticidad a partir de ese momento.

Por otra parte, entre las desventajas del corcho natural como material para la fabricación de tapones habría que destacar tres:

El corcho requiere que la botella se almacene en posición horizontal, para facilitar el contacto del vino con el tapón.

La extracción de la corteza del alcornoque, de la cual se obtiene el corcho, solo puede realizarse cuando el árbol tiene alrededor de 30 años, ya que antes la corteza no proporciona corcho de calidad. Tras la primera saca del corcho, el árbol necesita unos 9 años para regenerar su corteza y volver a estar listo para una nueva extracción.

El TCA. El tricloroanisol o TCA es un compuesto volátil que puede encontrarse en el corcho de los tapones. Se origina como resultado de los procesos metabólicos de algunos hongos que pueden estar presentes en el corcho y es el culpable de que, a veces, el vino nos sepa “a corcho”. Aunque el TCA es totalmente inocuo, el sabor a corcho es entendido comúnmente como un síntoma de que el vino no está en buen estado. De ahí que en muchos establecimientos sea costumbre oler el tapón de la botella antes de servir el vino: el tapón de un vino en buenas condiciones (sin TCA), debe oler a vino, no a corcho. Según European Food Research and Technology, el TCA podría afectar a entre un 0,1% y un 10% de las botellas de vino que llegan al mercado en todo el mundo.
                                                                                                                       
DE CORCHO NATURAL COLMATADO
                                                                                   
                                                                                    
Se trata de un tapón fabricado a partir de una pieza de corcho de menor calidad. Existe una mayor presencia de poros en el tapón, por lo que se recurre a tapar esos huecos empleando polvo de corcho con fines mayormente estéticos. Al ser tapones elaborados con corcho de menor calidad suelen utilizarse para vinos que no requieren una permanencia en botella demasiado prolongada, para los cuales se emplean los tapones 100% naturales.

DE CORCHO AGLOMERADOS


Se fabrican a partir de los desechos del proceso de fabricación de tapones naturales. Los recortes de corcho resultantes de este proceso se trituran y posteriormente se mezclan con colas para después someterlos a presión. El resultado es un tapón mucho más barato, pero su calidad y características no son comparables a la del tapón natural. Por ello, suele emplearse en el embotellado de vinos muy jóvenes cuyo tiempo en botella no superará el año.

TAPONES PARA CAVA Y VINOS ESPUMOSOS


Aunque el tipo de fabricación puede variar, se caracterizan por tener una parte inferior cónica. Esto se debe a que deben ofrecer más resistencia a la presión interior de la botella, originada por el contenido en gases carbónicos de este tipo de vinos.

CON CÁPSULA O T-CORK


Se trata de tapones de corcho natural o colmatado en cuya parte superior presentan una cápsula elaborada a partir de materiales diversos, como vidrio, metal, plástico o madera. La principal ventaja es que permiten la reutilización y cierre por parte del usuario, por lo que es adecuado para cerrar botellas que no se terminan de una vez. Son los tapones que encontramos en las botellas de Oporto, Jerez o moscatel o en las botellas de algunos licores.

PROCORK


Se trata de un tapón que combina corcho natural con 5 membranas desarrolladas a partir de polímeros sintéticos, cada una de ellas con un objetivo concreto, como controlar la presencia de oxígeno o evitar el TCA. Según pruebas desarrolladas por la marca fabricante parece ser que este tipo de tapón ha conseguido evitar la presencia de TCA en las botellas que lo utilizan. Sin embargo, la muestra analizada es aún pequeña como para poder respaldar una fiabilidad del 100% en la protección contra el TCA. Por otra parte, su producción resulta más cara que la del tapón natural.


TAPONES SINTÉTICOS


A BASE DE POLÍMEROS SINTÉTICOS MACIZOS


Son tapones elaborados a partir de diferentes polímeros plásticos y siliconas. Su producción es más barata y permiten diseños más llamativos a través del uso de diferentes colores. Se presentan como una solución al TCA, sin embargo, no garantizan al 100% que no se desarrolle el compuesto.

Como desventajas hay que señalar que los materiales empleados en su utilización tienden a contraerse a partir de los tres años en la botella, por lo que su uso no es recomendable en vinos con tiempos superiores. Además, su sellado ante la entrada de aire es mucho menos eficaz que el ofrecido por el tapón de corcho natural. A todo esto hay que añadir que su producción conlleva la liberación de altas cantidades de CO2, por lo que no es ecológicamente sostenible.Además, su utilización puede favorecer la aparición de sabores y aromas químicos en el vino.

A BASE DE POLÍMEROS SINTÉTICOS CON ORIFICIO DE OXIDACIÓN CONTROLADA.


Tapones similares a los anteriores, con la diferencia de que incorporan una especie de válvula a lo largo de un orificio longitudinal en el tapón. Esta válvula tiene el cometido de permitir una entrada controlada de oxígeno en el interior de la botella.


TAPONES DE ROSCA


Tapones fabricados en aluminio o plástico. Resultan relativamente baratos de fabricar y, según el modelo, permiten diferentes niveles de permeabilidad al paso del aire. Favorecen el desarrollo de aromas frutales en vinos jóvenes. No son recomendables para períodos de tiempo superiores a 12 meses en botella, ya que no permiten un correcto envejecimiento del vino. Además, al ser de apertura más rápida que un corcho tradicional, ha tenido buena aceptación en el sector hostelero de algunos países del norte de Europa.


TAPONES DE CRISTAL O DE VIDRIO



Son tapones poco comunes como cierre para botellas de vino. Su producción es cara en comparación a la de otro tipo de tapones y aún está por determinar cómo afecta su uso en el envejecimiento de vinos que necesitan varios años de desarrollo en botella. Como ventajas habría que destacar que son reciclables y que su utilización no altera el sabor y aroma del vino.