“Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien.” (Pitágoras).
Existen numerosos elementos esenciales que se requieren para llevar a cabo la cata en condiciones óptimas, garantizando así tanto su calidad como su eficacia. Además, hay ciertos componentes adicionales cuya necesidad dependerá directamente del tipo específico de cata que se desee realizar, ya que cada modalidad puede demandar herramientas o preparativos diferentes de acuerdo con sus particularidades y objetivos.
Cortacápsulas: se refiere a una herramienta indispensable y sumamente práctica en el ámbito de la cata y el servicio del vino. Aunque su nombre puede parecer algo críptico para quienes no están familiarizados con el arte de la sumillería, este pequeño dispositivo tiene un propósito claro y esencial: retirar de manera precisa y limpia la cápsula que recubre el cuello y el corcho de una botella de vino. Por lo general, esta cápsula está fabricada con materiales como papel de aluminio, estaño o alguna aleación similar.
Capsula de la botella.
La cápsula cumple un papel histórico y funcional significativo. Su principal objetivo es proteger el corcho de factores externos como polvo, humedad y otros posibles daños que puedan comprometer el sellado hermético y, en consecuencia, la calidad del vino durante su almacenamiento y envejecimiento. Sin embargo, antes de la aparición de los corta cápsulas modernos, retirar esta protección era una tarea que solía realizarse con cuchillas pequeñas incorporadas en ciertos sacacorchos o, en ocasiones, con un cuchillo común. Este método rudimentario no siempre lograba cortes limpios e incluso podía provocar que fragmentos de la cápsula cayeran en la botella o en las copas al servir, algo que cualquier amante del vino busca evitar.
Aquí es donde el cortacápsulas demuestra su valor, convirtiéndose en una herramienta que optimiza este primer paso del ritual del vino. Gracias a su diseño funcional, asegura un corte limpio y profesional, un aspecto clave para mantener intacta la experiencia de degustación. Por lo general, estos dispositivos cuentan con cuchillas circulares o pequeñas ruedas de acero que se ajustan perfectamente al diámetro del cuello de la botella. Con tan solo un simple giro, es posible desprender la cápsula completamente, evitando cualquier contacto innecesario con el material al momento de servir.
En el mercado se pueden encontrar diversos tipos de cortacápsulas adaptados a distintas necesidades. Los modelos más comunes incorporan cuatro ruedas que se posicionan sobre el gollete, la sección superior prominente de la botella, aplicando una ligera presión mientras se realiza un giro para cortar eficazmente la cápsula. También están disponibles versiones con dos cuchillas perimetrales o diseños integrados en algunos estilos de sacacorchos. La elección depende principalmente del gusto personal y del nivel de uso que se le dé, aunque todos tienen un objetivo en común: proporcionar un corte rápido, seguro y visualmente impecable.
El protocolo correcto indica que la cápsula debe cortarse por debajo del gollete, justo en la hendidura inferior. Esto garantiza que el vino no entre en contacto con los bordes cortados del material. El procedimiento no puede ser más sencillo: se posiciona el cortacápsulas en el lugar adecuado, se aplica una leve presión y, girando el utensilio alrededor de la botella y no la botella en sí, se consigue separar la parte superior de la cápsula. Esta sección superior puede retirarse fácilmente después del corte, dejando expuestos el corcho y un cuello de botella limpio y listo para ser descorchado.
En conclusión, el cortacápsulas es mucho más que un accesorio funcional; es un aliado para todos los amantes del vino, ya sean aficionados ocasionales o sumilleres experimentados. Proporciona una forma elegante, segura y profesional de abrir una botella, mejorando tanto la presentación como la experiencia misma de disfrutar esta emblemática bebida. Es un excelente ejemplo de cómo un instrumento sencillo puede marcar una gran diferencia en uno de los rituales más apreciados por los entusiastas del vino.
Sacacorchos: se considera un instrumento esencial para la apertura de botellas. En el mercado actual, se puede encontrar una amplia variedad de modelos disponibles, cada uno diseñado para satisfacer diferentes necesidades y preferencias.
- Sacacorchos en forma deT: es probablemente, el modelo más elemental, tradicional y duradero, lo cual resulta completamente lógico si se considera que fue el primero en ser creado. Este diseño consta de un mango, generalmente elaborado en madera, unido perpendicularmente a una varilla en espiral o rosca, configurando así una forma de T. Para utilizarlo, se debe insertar la espiral en el centro del corcho mediante un movimiento giratorio hasta que esté completamente encajada; luego, es necesario aplicar fuerza al tirar del mango para extraer el corcho. No obstante, es evidente cuál representa su principal inconveniente: la considerable cantidad de esfuerzo físico requerido.
- Sacacorchos de dos tiempos o de sumiller: comúnmente utilizado por profesionales de la hostelería y sumilleres, se ha consolidado como una herramienta esencial debido a su simplicidad, diseño plegable y facilidad para ser transportado en un bolsillo. Este instrumento ha sido refinado para ofrecer mayor funcionalidad, integrando un pequeño cuchillo destinado a cortar y retirar eficientemente la parte superior de la cápsula, todo con el mismo dispositivo. Históricamente atribuido al inventor alemán Carl Wienke, este sacacorchos representa una evolución respecto al modelo tradicional en forma de T, al incorporar una espiral plegable junto con una pestaña de apoyo que se coloca sobre el gollete de la botella. Este mecanismo permite la extracción del corcho mediante un sistema de palanca que minimiza el esfuerzo requerido. Un rasgo distintivo de los sacacorchos diseñados para sumilleres es la presencia de dos posiciones o etapas de apoyo en las pestañas. Este diseño permite, en una primera etapa, extraer parcialmente el corcho y, posteriormente, finalizar su retirada por completo en la segunda. Es precisamente esta característica lo que da nombre al modelo "de dos tiempos", reconocida por su eficiencia y practicidad en entornos profesionales.
- Sacacorchos de alas o de mariposa: es probablemente el modelo más común en los hogares debido a su facilidad de uso. Creado en 1930 por Dominick Rosati, este diseño se basa en la ingeniosa invención del sacacorchos de dos palancas desarrollado por James Heeley en 1850. A diferencia del modelo de dos tiempos, este sacacorchos cuenta con una estructura que se ajusta alrededor del cuello de la botella, asegurando que la espiral penetre el corcho de manera centrada. Para utilizarlo, basta con sujetarlo firmemente contra la botella con una mano y girar la parte superior con la otra, lo que hace que las alas se eleven hasta su máxima extensión mientras la espiral perfora el corcho. Al bajar las alas, el corcho se extrae con precisión y sin esfuerzo.
- Sacacorchos de rosca: representa una evolución significativa respecto al modelo de alas. Este tipo de sacacorchos incorpora en la parte superior de su mango una pestaña que posibilita alternar la funcionalidad de la espiral, ya sea para introducirse en el corcho o para extraerlo con eficacia. Su principal ventaja radica en la sencillez de uso que ofrece al usuario. No obstante, similar a otros diseños previamente analizados, este modelo no resulta ideal para manipular corchos delicados ni para el descorche de botellas de vinos de colección, donde se requiere un manejo más cuidadoso y especializado.
- Sacacorchos tipo blíster: representan una versión más moderna y automatizada de los tradicionales sacacorchos de alas, sirviendo además como base para los posteriores modelos eléctricos. Su diseño incluye una espiral oculta dentro de una cápsula que se ajusta perfectamente al cuello de la botella. Para extraer el corcho, se hace girar la cápsula en un único sentido; una vez que el corcho alcanza su tope contra la botella, el mecanismo invierte el giro de la espiral y facilita la extracción del corcho de manera sencilla.
- Sacacorchos de láminas: es sin duda, el más especializado de todos y también el menos habitual, aunque, según algunas fuentes históricas, su uso se inició en Francia durante el siglo quince. Es el más recomendable para abrir botellas antiguas o grandes reservas que superen los diez años en su envase, dado que permite extraer el corcho sin perforarlo, lo cual resulta sumamente útil si este no se encuentra en condiciones óptimas. Consiste en dos laminas paralelas; una de menor longitud que la otra, que debido a la tendencia inherente del corcho a reducirse con el tiempo, pueden ser insertadas verticalmente entre el corcho y la botella. Una vez que se encuentra en su interior, es imperativo rotar para extraerlo con delicadeza. Como se puede prever, se requiere una considerable destreza y experiencia para su utilización.
- Sacacorchos de palanca: es un dispositivo de descorche que opera de manera análoga al modelo de pared, pero en una versión manual. Posee una abertura que se ajusta a la de la botella y una palanca que, al ser manipulada de abajo hacia arriba, permite abrir el recipiente de manera ágil y sencilla. Estos sacacorchos son sumamente fáciles de utilizar, aunque presentan un volumen considerable, lo que los hace más comunes en eventos enológicos donde se requiere abrir múltiples botellas de forma rápida.
- Sacacorchos eléctrico: La última innovación tecnológica en el ámbito de los sacacorchos son los eléctricos, que, al ser accionados mediante un botón, insertan el husillo y extraen el corcho en cuestión de segundos sin necesidad de esfuerzo. Son uno de los obsequios más solicitados por los verdaderos amantes del vino y simplifican considerablemente la tarea, aunque suelen ser de dimensiones considerables y tienen un costo elevado.
- Sacacorchos de aire comprimido: es poco empleado por los expertos y entusiastas del vino, dado que puede modificar las características de los vinos tintos y blancos. Su mecanismo consiste en perforar la aguja en el corcho hasta atravesarlo completamente y luego inyectar aire en la botella, realizando movimientos con el mango hasta que se produzca el descorche. No obstante, el aire que penetra en la botella puede perturbar de manera abrupta los sedimentos de los vinos en guarda y alterar las propiedades del vino.
- Sacacorchos de pared: es curioso, ya que nos transporta al ámbito de los utensilios para vino que fusionan la utilidad mecánica con un diseño que puede resultar auténticamente artístico o de estilo retro, conquistando desde cocinas hasta bares y bodegas profesionales. A diferencia de los sacacorchos portátiles, como los de sumiller o los de alas, los modelos de pared están concebidos para un uso intensivo y fijo, ofreciendo una estabilidad y un asentamiento inigualables que disminuyen notablemente el esfuerzo requerido para abrir incluso las botellas más difíciles. Generalmente, son dispositivos robustos y perdurables.
- Tenazas degolladoras: también conocidas como tenazas de Oporto. Aunque técnicamente no son un sacacorchos constituyen herramientas especializadas empleadas para abrir botellas de vino de gran antigüedad que poseen corchos delicados. En lugar de proceder a la extracción convencional del corcho, estas tenazas metálicas se calientan hasta alcanzar una temperatura incandescente y se aplican firmemente en torno al cuello de la botella. A continuación, un choque térmico rápido, habitualmente generado mediante el uso de un paño húmedo o una pluma humedecida, provoca una fractura precisa y limpia del vidrio. Esta técnica, que impide que el corcho se fragmente y contamine el contenido de la botella, es una práctica tradicional que, tras su aplicación, exige la decantación del vino para garantizar su óptima presentación y consumo.



















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