La fuente fue construida en 1967 por iniciativa de un grupo de amigos desde ese momento, se convirtió en una tradición arraigada en la localidad. En sus inicios, se planteó la idea de que cada cosechero donara media o una arroba de vino para su organización. Sin embargo, al considerar los inconvenientes de mezclar diferentes tipos de vinos, se optó por una alternativa más práctica, que aquellos interesados en colaborar aportaran una contribución en metálico según sus posibilidades.
En sus inicios, la Fuente del Vino de Cádiar contaba con dos caños. Uno de ellos proporcionaba agua para lavar los vasos, mientras que el otro ofrecía un flujo constante de vino, gracias a un sistema de bombeo que retornaba el líquido al tonel. En 2014, esta fuente fue rediseñada con un estilo más moderno y racionalista, convirtiéndose en una rotonda que integra una fuente de agua decorada con un poema de Enrique Morón. Diseñada por la arquitecta Raquel Ruiz Monge, la estructura combina dos espacios conectados mediante amplios muros curvos que evocan un gesto acogedor. Además, se erigen cuatro pilares representativos de los fundadores originales de la Fuente del Vino.
Cada año, con motivo de la celebración de la Fiesta de la Vendimia, una de las fuentes de la localidad es decorada con motivos relacionados con la vitivinicultura y la tradición etnográfica, transformándose en un atractivo singular del cual fluye vino durante los diez días que duran las festividades. Inicialmente, esta tradición se llevaba a cabo en el Jardín de la Glorieta, utilizando como base la fuente situada en este lugar, construida en el año 1901 para conmemorar la llegada de agua potable a Jumilla.
En el día de su inauguración, tras el simbólico acto en el que los vendimiadores vierten el vino utilizando los tradicionales cántaros, la Fuente comienza a derramar su ansiado néctar. Acto seguido, al ritmo festivo de las charangas, los estandartes de las diferentes peñas se mueven en un animado baile alrededor del Niño de las Uvas, realzando así el espíritu solemne y festivo de la celebración.

En la actualidad, tras haberse llevado a cabo también en el Jardín de la Constitución, esta actividad se realiza en el Jardín del Rey Don Pedro. Este espacio ofrece mayor capacidad para los asistentes y cuenta con una fuente de mayor tamaño, lo que permite la creación de diseños más elaborados y visualmente impactantes. Cualquier visitante que se aproxime a contemplarla puede apreciar cómo el vino fluye de la estructura, mientras admira los espléndidos adornos que la coronan en su parte superior. Estos detalles incluyen barriles, cestos, botellas y diversos utensilios vinculados al universo del vino y la viticultura.
Fuente de Vino de Marezige (Eslovenia).
En el corazón de la Istria eslovena, donde el relieve se ondula entre el Adriático y las cumbres kársticas, la pequeña localidad de Marezige ha logrado convertir un gesto cotidiano en un potente símbolo de identidad colectiva a través de su Vinska Fontana (Fuente de Vino). La fuente, situada en una balconada natural que ofrece una panorámica lírica de la bahía de Koper, funciona como un museo al aire libre donde la cultura líquida se narra a través de sus variedades autóctonas.
Al acercarse a sus grifos, el visitante no solo encuentra vino, sino el relato de un ecosistema mediterráneo único. La Refošk (Refosco), con su color rubí intenso, casi violáceo, y sus notas de bayas silvestres y acidez vibrante, domina el paisaje sensorial. Junto a ella, la Malvazija (Malvasía de Istria) aporta el contrapunto luminoso y aromático, conectando la tradición eslovena con el gran arco cultural del Mediterráneo que los venecianos ayudaron a difundir hace siglos.
La integración de la fuente en el entorno, flanqueada por viejos lagares y bajo la sombra de la iglesia de la Santa Cruz, vincula lo sagrado y lo profano, el esfuerzo agrícola y el disfrute estético, reafirmando que en Eslovenia el vino es el hilo conductor de una historia de supervivencia y orgullo regional que se bebe a sorbos pausados frente al horizonte.
La Fuente de la Discordia: Sagra dell'Uva de Marino (Lacio, Italia).
La Sagra dell'Uva de Marino, celebrada en el corazón de los Castelli Romani, representa uno de los episodios más fascinantes de la antropología festiva del Lacio, donde lo sagrado y lo profano se diluyen bajo el flujo del vino blanco local. Esta festividad, instituida formalmente en 1925 por el poeta Leone Ciprelli pero con raíces que hunden sus cimientos en la victoria de la batalla de Lepanto en 1571, alcanza su clímax en el denominado "milagro de las fuentes".

En este momento de catarsis colectiva, el agua que normalmente fluye por las fuentes monumentales del pueblo, como la Fontana de los Cuatro Moros, es sustituida por el vino de la Denominación de Origen Marino, un blanco de carácter volcánico que encarna la identidad geológica de esta región cercana a Roma. Este fenómeno, que atrae a miles de visitantes cada primer domingo de octubre, no es solo un reclamo turístico, sino una manifestación de la abundancia agrícola y un vínculo histórico con la figura de Marcantonio Colonna, el almirante que regresó triunfante a Marino tras la contienda contra los otomanos.
La atmósfera que se respira en sus calles empedradas, decoradas con racimos de uva malvasía y trebbiano, evoca las antiguas dionisíacas mediterráneas, donde el exceso controlado servía para cohesionar a la comunidad y agradecer los frutos de la tierra.
Fontana delle Tette – Treviso (Véneto, Italia).
En el corazón de la Marca Trevigiana, donde el paisaje parece una extensión natural de la serenidad del Véneto, se halla un vestigio arqueológico y social que nos habla de la relación intrínseca entre el vino y el poder: la Fontana delle Tette. Este monumento, lejos de ser una simple curiosidad erótica o una excentricidad escultórica, representa un capítulo fundamental en la construcción de la identidad urbana de Treviso tras su integración en la República de Venecia.

Corría el año 1559, tras una severa sequía que azotó la región, cuando el podestá veneciano Alvise da Ponte ordenó la construcción de esta fuente. En una época donde la legitimidad del gobierno se cimentaba tanto en la fuerza como en la benevolencia, la fuente fue concebida como un gesto de "pax veneta".
Lo que hace extraordinario a este monumento es su función litúrgica y festiva. Hasta la caída de la Serenísima República en 1797, cada año, coincidiendo con la investidura del nuevo podestá, de los pechos de la estatua manaba vino de forma gratuita durante tres días consecutivos. No era un solo tipo, de un seno brotaba vino tinto y del otro vino blanco, permitiendo que el pueblo celebrara la renovación del ciclo político a través de un rito de comunión báquica.
La escultura original, tallada en piedra de Istria, sufrió el desgaste del tiempo y las vicisitudes históricas, encontrándose hoy resguardada en una vitrina bajo el pórtico del Palazzo dei Trecento. Sin embargo, la copia que preside el patio de la Loggia dei Cavalieri sigue siendo un hito geográfico esencial para entender la estructura de la ciudad medieval, donde el agua y el vino fluían por los mismos canales de socialización.
La fuente de Mileștii Mici (Moldavia).
La fuente de Mileștii Mici, en Moldavia, es una declaración de principios: la del vino como el alma que recorre las venas de una nación. Ubicada a las puertas de la que es, oficialmente, la bodega más grande del mundo según el Libro Guinness de los Récords, esta fuente recibe al visitante no con agua, sino con la ilusión visual y sensorial de los dos pilares de su producción: el tinto y el blanco.
Esta fuente actúa como un umbral. Cruzar el patio de Mileștii Mici y contemplar el flujo constante del vino es prepararse para entrar en un espacio donde el tiempo se detiene. Para el pueblo moldavo, que ha resistido bajo diferentes imperios y regímenes, el vino es un símbolo de resiliencia. Durante la época soviética, estas bodegas fueron estratégicas, y hoy son el orgullo de una república independiente que busca su lugar en el mundo a través de la calidad de sus vinos.
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