LAS FUENTES DEL VINO.

"Las muchachas del lugar volvían de la fuente con sus cántaros en la cabeza, volvían cantando y riendo con un ruido y una algazara que sólo pudieran compararse a la alegre algarabía de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor de la veleta de un campanario". (Gustavo Adolfo Becquer).

Las fuentes del vino son manifestaciones culturales en las que el vino, en lugar de permanecer en el ámbito privado o comercial, se hace visible y accesible en el espacio público, adoptando la forma simbólica de una fuente. No nacen de una necesidad práctica, sino de una lógica social y ritual: el vino fluye para ser compartido, celebrado y ofrecido, convirtiéndose en un gesto de hospitalidad, de identidad colectiva y de memoria histórica. En ellas el vino deja de ser únicamente un producto agrícola o una mercancía para transformarse en un bien comunitario cargado de significados.


Históricamente, las fuentes del vino aparecen en territorios donde la viticultura ha sido estructural para la economía, el paisaje y la cultura. Su existencia está ligada a comunidades que se reconocen a sí mismas como “territorios de vino” y que utilizan estas fuentes para expresar públicamente esa condición. En muchos casos están vinculadas a caminos de peregrinación, fiestas de la vendimia, celebraciones religiosas o conmemoraciones cívicas, funcionando como espacios de acogida y de cohesión social. El acto de beber vino de una fuente pública remite a antiguas prácticas de hospitalidad y a una concepción del vino como don, no como objeto de consumo individual.

Desde una perspectiva antropológica, las fuentes del vino simbolizan la abundancia, el ciclo agrícola y la continuidad entre naturaleza y cultura. El vino que mana representa el fruto del trabajo colectivo, la viña, la vendimia, la elaboración y su circulación pública refuerza los lazos comunitarios. Por ello, muchas de estas fuentes no son permanentes, sino que aparecen de forma ritualizada durante determinados momentos del calendario, especialmente en torno a la vendimia, cuando el vino nuevo se integra en la celebración festiva y en la afirmación identitaria del territorio.

La niña del cántaro. Julio Romero de Torres.

En el contexto contemporáneo, las fuentes del vino han adquirido también una dimensión enoturística, pero su valor no reside únicamente en lo pintoresco o lo anecdótico, sino en su capacidad para narrar una historia. Son lugares donde el vino se explica a través del paisaje, de la tradición, de la religión, de la fiesta y de la vida cotidiana. Lejos de ser simples atracciones, constituyen una forma de patrimonio cultural inmaterial materializado en el espacio público. En ellas se entiende que el vino no es solo una bebida, sino un hecho social total, un elemento que conecta agricultura, cultura, ritual y convivencia humana.

Fuente del Vino  Bodegas Irache (Ayegui, Navarra, España).

La icónica fuente de vino emerge ante los peregrinos que transitan por el Camino de Santiago francés, brindándoles un singular punto de descanso y recuperación. Su propósito se resume en las palabras inscritas en uno de los carteles que la acompañan: "Para reponer fuerzas", aunque con la prudencia de disfrutarla sin excesos. Este peculiar enclave se encuentra situado en el término de Ayegui, a escasos kilómetros tras abandonar Estella en dirección a Los Arcos. La región, además, se distingue notablemente por la riqueza de sus vinos, amparados bajo la Denominación de Origen Navarra.


La fuente, propiedad de las Bodegas Irache, se abastece diariamente con 100 litros de vino obtenido de sus cosechas. Está integrada en uno de los muros que lindan con el camino y cuenta con dos surtidores, uno de vino y otro de agua, para quienes prefieran refrescarse de otra manera. Localizarla no presenta dificultad, basta con buscar el punto donde varios peregrinos se detienen a rellenar sus cantimploras. Aunque este singular servicio es gratuito, se pide consumir con moderación, recordando el lema que acompaña la fuente: "Disfrutar sin exceso es el verdadero obsequio, y si más deseas, el vino ha de ser adquirido".


La tradición de ofrecer vino a los peregrinos es bastante más antigua, pues ya los monjes que habitaban originariamente el monasterio Santa María la Real de Irache, ubicado junto a las bodegas, solían ofrecer un trago a los caminantes que paraban en sus tierras. 

Fontana del Vino Caldari di Ortona (Abruzzo, Italia).

En la región italiana de Abruzzo, al sur del país, hay un rincón singular donde el vino no solo se adquiere en restaurantes o bodegas, sino que brota de una fuente pública disponible para cualquiera. Este lugar es Caldari di Ortona, un pequeño pueblo que, desde 2016, ha ganado reconocimiento internacional gracias a la famosa Fontana del Vino. Esta original iniciativa brinda vino tinto gratis las 24 horas del día y se ha transformado en uno de los emblemas más peculiares de la hospitalidad italiana.


La Fontana del Vino surge como resultado de la asociación entre la bodega Dora Sarchese y la organización sin ánimo de lucro Cammino di San Tommaso, encargada de administrar una ruta de peregrinaje que une Roma con la ciudad de Ortona, siguiendo el legado del Apóstol Santo Tomás. Este original proyecto se ideó con la intención de brindar una cálida acogida a los viajeros que transitan este camino espiritual, ofreciéndoles un espacio para relajarse y disfrutar, convirtiéndose en un simbólico instante de pausa y celebración tras una jornada de recorrido.


El vino que fluye de la fuente es Montepulciano d'Abruzzo, una de las variedades más emblemáticas de la región, reconocida por su sabor intenso y su profundo vínculo con la cultura local. A diferencia de otras estrategias promocionales, la Fontana del Vino no está limitada a temporadas turísticas o celebraciones especiales, permanece activa todo el año, las 24 horas del día, como una instalación permanente. Inicialmente creada para atender a los peregrinos, con el paso del tiempo la fuente se transformó en un lugar de encuentro abierto para todo el que la visite. Turistas, lugareños y viajeros ocasionales pueden disfrutar de una copa y vivir un instante que fusiona lo cotidiano con lo extraordinario.

Fuente del Vino de Cádiar (Granada, España).

Durante la Feria de Cádiar, la emblemática Fuente del Vino ofrece vino gratuitamente a todos los visitantes que se acercan a ella. Desde el año 1967, esta fuente constituye un elemento simbólico y destacado de la Feria y Fiestas de Otoño, celebración dedicada al Santo Cristo de la Salud y a Nuestra Señora de la Esperanza. Asimismo, forma parte de la histórica Real Feria de Ganados, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, periodo en el que Cádiar se consolidó como un relevante centro comercial dentro de la comarca. En reconocimiento a su trascendencia cultural e histórica, la Fuente del Vino fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Andalucía en el año 2008, reafirmando su significación patrimonial para la región.


La fuente fue construida en 1967 por iniciativa de un grupo de amigos desde ese momento, se convirtió en una tradición arraigada en la localidad. En sus inicios, se planteó la idea de que cada cosechero donara media o una arroba de vino para su organización. Sin embargo, al considerar los inconvenientes de mezclar diferentes tipos de vinos, se optó por una alternativa más práctica, que aquellos interesados en colaborar aportaran una contribución en metálico según sus posibilidades.


En sus inicios, la Fuente del Vino de Cádiar contaba con dos caños. Uno de ellos proporcionaba agua para lavar los vasos, mientras que el otro ofrecía un flujo constante de vino, gracias a un sistema de bombeo que retornaba el líquido al tonel. En 2014, esta fuente fue rediseñada con un estilo más moderno y racionalista, convirtiéndose en una rotonda que integra una fuente de agua decorada con un poema de Enrique Morón. Diseñada por la arquitecta Raquel Ruiz Monge, la estructura combina dos espacios conectados mediante amplios muros curvos que evocan un gesto acogedor. Además, se erigen cuatro pilares representativos de los fundadores originales de la Fuente del Vino.

Fuente del Vino de Jumilla (Murcia, España).

Cada año, con motivo de la celebración de la Fiesta de la Vendimia, una de las fuentes de la localidad es decorada con motivos relacionados con la vitivinicultura y la tradición etnográfica, transformándose en un atractivo singular del cual fluye vino durante los diez días que duran las festividades. Inicialmente, esta tradición se llevaba a cabo en el Jardín de la Glorieta, utilizando como base la fuente situada en este lugar, construida en el año 1901 para conmemorar la llegada de agua potable a Jumilla.

En el día de su inauguración, tras el simbólico acto en el que los vendimiadores vierten el vino utilizando los tradicionales cántaros, la Fuente comienza a derramar su ansiado néctar. Acto seguido, al ritmo festivo de las charangas, los estandartes de las diferentes peñas se mueven en un animado baile alrededor del Niño de las Uvas, realzando así el espíritu solemne y festivo de la celebración.


En la actualidad, tras haberse llevado a cabo también en el Jardín de la Constitución, esta actividad se realiza en el Jardín del Rey Don Pedro. Este espacio ofrece mayor capacidad para los asistentes y cuenta con una fuente de mayor tamaño, lo que permite la creación de diseños más elaborados y visualmente impactantes. Cualquier visitante que se aproxime a contemplarla puede apreciar cómo el vino fluye de la estructura, mientras admira los espléndidos adornos que la coronan en su parte superior. Estos detalles incluyen barriles, cestos, botellas y diversos utensilios vinculados al universo del vino y la viticultura.


Fuente de Vino de Marezige (Eslovenia).

En el corazón de la Istria eslovena, donde el relieve se ondula entre el Adriático y las cumbres kársticas, la pequeña localidad de Marezige ha logrado convertir un gesto cotidiano en un potente símbolo de identidad colectiva a través de su Vinska Fontana (Fuente de Vino). La fuente, situada en una balconada natural que ofrece una panorámica lírica de la bahía de Koper, funciona como un museo al aire libre donde la cultura líquida se narra a través de sus variedades autóctonas.


Al acercarse a sus grifos, el visitante no solo encuentra vino, sino el relato de un ecosistema mediterráneo único. La Refošk (Refosco), con su color rubí intenso, casi violáceo, y sus notas de bayas silvestres y acidez vibrante, domina el paisaje sensorial. Junto a ella, la Malvazija (Malvasía de Istria) aporta el contrapunto luminoso y aromático, conectando la tradición eslovena con el gran arco cultural del Mediterráneo que los venecianos ayudaron a difundir hace siglos.


La integración de la fuente en el entorno, flanqueada por viejos lagares y bajo la sombra de la iglesia de la Santa Cruz, vincula lo sagrado y lo profano, el esfuerzo agrícola y el disfrute estético, reafirmando que en Eslovenia el vino es el hilo conductor de una historia de supervivencia y orgullo regional que se bebe a sorbos pausados frente al horizonte.

La Fuente de la Discordia: Sagra dell'Uva de Marino (Lacio, Italia).

La Sagra dell'Uva de Marino, celebrada en el corazón de los Castelli Romani, representa uno de los episodios más fascinantes de la antropología festiva del Lacio, donde lo sagrado y lo profano se diluyen bajo el flujo del vino blanco local. Esta festividad, instituida formalmente en 1925 por el poeta Leone Ciprelli pero con raíces que hunden sus cimientos en la victoria de la batalla de Lepanto en 1571, alcanza su clímax en el denominado "milagro de las fuentes".


En este momento de catarsis colectiva, el agua que normalmente fluye por las fuentes monumentales del pueblo, como la Fontana de los Cuatro Moros, es sustituida por el vino de la Denominación de Origen Marino, un blanco de carácter volcánico que encarna la identidad geológica de esta región cercana a Roma. Este fenómeno, que atrae a miles de visitantes cada primer domingo de octubre, no es solo un reclamo turístico, sino una manifestación de la abundancia agrícola y un vínculo histórico con la figura de Marcantonio Colonna, el almirante que regresó triunfante a Marino tras la contienda contra los otomanos.


La atmósfera que se respira en sus calles empedradas, decoradas con racimos de uva malvasía y trebbiano, evoca las antiguas dionisíacas mediterráneas, donde el exceso controlado servía para cohesionar a la comunidad y agradecer los frutos de la tierra.

Fontana delle Tette – Treviso (Véneto, Italia).

En el corazón de la Marca Trevigiana, donde el paisaje parece una extensión natural de la serenidad del Véneto, se halla un vestigio arqueológico y social que nos habla de la relación intrínseca entre el vino y el poder: la Fontana delle Tette. Este monumento, lejos de ser una simple curiosidad erótica o una excentricidad escultórica, representa un capítulo fundamental en la construcción de la identidad urbana de Treviso tras su integración en la República de Venecia.


Corría el año 1559, tras una severa sequía que azotó la región, cuando el podestá veneciano Alvise da Ponte ordenó la construcción de esta fuente. En una época donde la legitimidad del gobierno se cimentaba tanto en la fuerza como en la benevolencia, la fuente fue concebida como un gesto de "pax veneta".

Lo que hace extraordinario a este monumento es su función litúrgica y festiva. Hasta la caída de la Serenísima República en 1797, cada año, coincidiendo con la investidura del nuevo podestá, de los pechos de la estatua manaba vino de forma gratuita durante tres días consecutivos. No era un solo tipo, de un seno brotaba vino tinto y del otro vino blanco, permitiendo que el pueblo celebrara la renovación del ciclo político a través de un rito de comunión báquica.


La escultura original, tallada en piedra de Istria, sufrió el desgaste del tiempo y las vicisitudes históricas, encontrándose hoy resguardada en una vitrina bajo el pórtico del Palazzo dei Trecento. Sin embargo, la copia que preside el patio de la Loggia dei Cavalieri sigue siendo un hito geográfico esencial para entender la estructura de la ciudad medieval, donde el agua y el vino fluían por los mismos canales de socialización.

La fuente de Mileștii Mici (Moldavia).

La fuente de Mileștii Mici, en Moldavia, es una declaración de principios: la del vino como el alma que recorre las venas de una nación. Ubicada a las puertas de la que es, oficialmente, la bodega más grande del mundo según el Libro Guinness de los Récords, esta fuente recibe al visitante no con agua, sino con la ilusión visual y sensorial de los dos pilares de su producción: el tinto y el blanco.


Esta fuente actúa como un umbral. Cruzar el patio de Mileștii Mici y contemplar el flujo constante del vino es prepararse para entrar en un espacio donde el tiempo se detiene. Para el pueblo moldavo, que ha resistido bajo diferentes imperios y regímenes, el vino es un símbolo de resiliencia. Durante la época soviética, estas bodegas fueron estratégicas, y hoy son el orgullo de una república independiente que busca su lugar en el mundo a través de la calidad de sus vinos.

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