"Para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina". (Francisco de Quevedo).
El almuerzo, Diego Velázquez, 1618-1619
El vino se consolidó como una bebida emblemática durante el Siglo de Oro español, un extenso periodo que, aunque abarca casi dos siglos, suele fijarse entre 1492, año del descubrimiento de América, y 1681, fecha de la muerte de Calderón de la Barca. Este periodo, caracterizado por el esplendor artístico y cultural hispánico, que se extendió por toda la dinastía de los Austrias, dejó una huella tan profunda que llegó a influir en las cortes de toda Europa. Fue también la era dorada de la literatura española, un fenómeno sin precedentes en nuestra historia, con figuras que perduran en la memoria colectiva de la cultura universal. Entre los nombres inmortales se encuentran Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Fray Luis de León, Jorge Manrique y Sor Juana Inés de la Cruz, junto con muchos otros autores y autoras que han dado forma a la literatura de siglos venideros. Como reflejo de su conexión con la vida cotidiana, numerosos escritores populares plasmaron en sus obras el papel del vino y su relevancia en la sociedad de su tiempo.
En el Siglo de Oro, el vino desempeñaba un papel fundamental en la vida cotidiana, trascendiendo barreras sociales y englobando todas las clases y condiciones. Su influencia era tan omnipresente que resulta impensable que no haya dejado huella en la literatura de la época. Se le atribuían múltiples funciones: alimento, medicina, entretenimiento, revitalizante, forma de pago, símbolo de lujuria, expresión de pecado, e incluso valor. Su presencia constante lo convirtió en uno de los mayores factores de cohesión social, comparable únicamente con la influencia de la religión de aquel entonces. Quizá nadie logró plasmar mejor la relevancia del vino que el médico y paremiólogo Juan Sorapán de Rieros, quien en 1615 publicó su obra Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua, donde aborda tanto las virtudes como los riesgos asociados al consumo del vino.
- El vino trastorna a sus amadores el entendimiento, háceles más / sin razón que brutos animales: furiosos, ridículos, miserables / habladores, pierden el color del rostro, traen las mejillas / caídas, los ojos ensangrentados, las manos temblando, / inquietos y olvidados de sí propios, hablando mil desvaríos, / descubriendo sus secretos, haciéndoles descompuestas zancadillas/ y traspiés, y dándose a rienda suelta tras todo género de vicios/ indignos de nombrar a oídos castos…"
- "Es alimento saluterizado, calienta los resfriados, engorda y humedece / a los exhaustos, da calor a los descoloridos, despierta los ingenios,/ hace graciosos poetas, alegra al triste melancólico, es triaca contra/ la ponzoña de la cicuta, restaura instantáneamente el espíritu perdido, / alarga la vida y conserva la salud, hace decir verdades, mueve sudor/ y orina, concilia sueño, y, en suma, es único sustentáculo y refrigerio/ de la vida humana, así usado como alimento, como bebiéndolo por/ bebida o tomándolo como medicamento."
- Aquel año había cogido tanto vino, que a las puertas que llegaba, / me dicen si quería beber, porque no tenían pan para darme. / Jamás lo rehusé, y así me sucedió algunas veces en ayunas haber / envasado cuatro azumbres de vino, con que estaba más alegre / que moza en víspera de fiesta.
Desde hoy me acojo a un jamón, / pues ya no hay ley que me obligue. / Al vino no se persigue, / esta es famosa invención: / no consentía Moisés que comiésemos tocino, y quien da tocino y vino, / sin duda que buen dios es.
- En esto desenvainó / espadas el vino e ira; / que uno y otro anduvo igual / porque el vino y los aceros / mientras se están en los cueros, / en su vida hicieron mal, / mas saliendo, es cosa llana / que luego ha haber peleona.
- Dijo fray Jarro, con una vendimia en los ojos, escupiendo racimos y / oliendo a lagares, hechas las manos dos piezgos y la nariz espita, / la habla remostada con un tonillo de lo caro. Estos santos que ha / canonizado la picardía con poco temor de Dios.
- Para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar / en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, / con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más / eficaz medicina.
- Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que / escanciar. Pues de noche en invierno no hay tal calentamiento de / cama, que con dos jarrillos destos que beba cuando me quiero a costar, / no siento frío en toda la noche.
- Para entrar en las guerras de Venus no ha armería mejor que la de Baco y Ceres.
- Bebamos, pues, bebamos; / venga el luciente vidrio cristalino / que la pura y bruñida plata afrenta. / No el oloroso vino / sino el licor que en faz serena y leda / llega a nacer copioso a la alameda.
- Hoy hacen amistad nueva / Más por Baco que por Febo / Don Francisco de Quebebo / Y Félix Lope de Beba.
- Tome un poeta al aurora / dos tragos sanmartiniegos / destos que Mahoma ignora / (…) y podrá de copla en copla / henchir de versos un cesto. / Beba agua, y el día pasado, / hará una copla tan tibia, / que parezca que ha salido / por boca de cantimplora.
- … nuestro Salvador se nos da realmente dándonos su sacratísimo / cuerpo en pan y su preciosísima sangre en vino, y así este precioso / vino de amor transporta a los devotos y los pone fuera de sí / y los deja ser suyos sino deste soberano.
- Sofronio: En el vino está la verdad. Enséñanos no ser cosa segura / a los sacerdotes, ni secretarios, ni familiares de los príncipes / darse mucho al vino, según dicen, por la costumbre de sacar / la lengua todo lo que está en el corazón.
- El agua… es llena de defectos e inconvenientes, al contrario del / Vino, del cual se pueden narrar mil perfecciones.
- Cada cosa es para su oficio, el agua para lavar el vino para beber.
- ¿Y qué más autoridad quieres tú para la bondad del vino, sino / que se convierta en sangre de Jesucristo, para saber la ventaja / que en todo hay en el vino?
- Y disparaba (Sancho) con una sonrisa que le duraba una hora, sin acordarse entonces de nada de lo que había sucedido en su gobierno. Porque sobre el rato y el tiempo que se come y se bebe, poca jurisdicción suelen tener los juzgados. Finalmente, al acabársele el vino fue principio de un sueño que dio a todos, quedándose dormidos sobre las mismas mesas y manteles.
- Si es o no invención moderna, / vive Dios, que no lo sé; / pero delicada fue / la invención de la taberna, / porque allí llego sediento, / pido vino de lo nuevo, / mídenlo, dánmelo, bebo, / págolo y voime contento.
- Mi ama era de nación tudesca y, de ordinario, estaba con la carga delantera (borracha); los ojos centelleaban como las estrellas; aunque era muy blanca, el vicio de la invención de Noé la tenía con algunas rosillas en la cara, especialmente en la nariz. Mi amo, no echaba de ver el vicio, porque pudiera ser el inventor del licor de cepas. Y como entrambos eran cófrades de Baco, de ordinario tenían la del velo negro (bodega) bien proveída y mejor visitada.
- … que no sólo no tienen por vituperosa la borrachez, mas aún peor, que bestialmente se honran y precian della.
- Honrados eran los españoles cuando podían decir putos y borrachos / a los extranjeros, mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya / en España ni el vino se queja de mal bebido, ni ellos mueren de sed. / En mi tiempo no sabían por dónde subía el vino a las cabezas, y ahora / parecen que beben hacia arriba.
- Los provechos del vino y sus daños corren a las parejas, y todo consiste en la moderación de su bebida y en la templanza que recibe mezclado con agua.
- Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda ni cumple palabra.
- Por hacerse ligeros / los vientos beben, / mas con esto no matan / la sed que tiene. / Toda el agua que sudan / por dar sus vueltas, / en el vino la cobran / de las tabernas, / porque los taberneros / de nuestro siglo / han hecho maridaje / del agua y vino.
- Puta vieja, beoda, loca, / que hacéis los tiempos caros, / eso me da besaros, / en el culo que en la boca. / La viña muda su hoja, / y la col, nabo y lechuga, / y la tierra que se moja / un día u otro se enjuga. / Vos, el año entero, / por tirarme allá esa paja, / a la noche sois un cuero, / a la mañana tinaja.
- ¡Válgame la Cananea, / y qué salado está el mar! / ¿Dónde Dios juntó tanta agua, / no juntara tanto vino? / Agua salada, extremada / cosa para quien no pesca. / Si es mala el agua fresca / ¿qué será el agua salada? / ¡Oh, quién hallara una fragua / de vino, aunque algo encendido?


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