VINOS DEL MUNDO.

CATEGORIA VINOS DEL MUNDO

"Llenáronse de regocijo los pechos porque se llenaron las tazas de generosos vinos que, cuando se trasiegan por la mar, de un cabo a otro, no hay néctar que se les iguale". (Miguel de Cervantes).

La sección “Vinos del mundo” se plantea como un espacio de reflexión en el que el vino es abordado desde una perspectiva amplia y estructural, alejada de su consideración meramente comercial o sensorial. Aquí, el vino se entiende como una manifestación cultural compleja, en la que confluyen saberes agrarios, desarrollos técnicos y procesos históricos de largo recorrido. No es únicamente el resultado de una fermentación controlada, sino una construcción social cargada de significados, atravesada por dinámicas económicas, marcos normativos, valores simbólicos y prácticas colectivas que, a lo largo del tiempo, han contribuido a definir y expresar las culturas que lo han elaborado, consumido y dotado de sentido.


Este recorrido por los vinos más singulares e históricos del mundo no pretende establecer un canon cerrado ni reproducir jerarquías consagradas por el mercado o por la crítica contemporánea. Muy al contrario, se plantea como una arqueología del prestigio, una exploración de aquellos vinos que, por razones diversas, calidad intrínseca, innovación técnica, singularidad territorial, función ritual o capacidad de evocación, han dejado una huella persistente en la memoria colectiva de los grandes sumilleres, de los viticultores conscientes de su herencia y de los bebedores atentos al significado profundo del vino.

Desde los grandes vinos de la Antigüedad clásica, cuyo valor se medía tanto por su procedencia como por su capacidad de envejecimiento y transporte —Falerno, Quíos, Lesbos— hasta los vinos monásticos medievales que articularon la noción europea de terroir, pasando por los vinos de comercio atlántico que definieron la modernidad (Jerez, Oporto, Madeira), cada vino histórico es también un documento líquido, una síntesis de saberes agronómicos, decisiones políticas, rutas comerciales y sistemas de valores.


En este sentido, hablar de vinos históricos implica necesariamente abordar la construcción cultural del gusto. El prestigio de un vino nunca es puramente organoléptico, se edifica a partir de relatos, de contextos de consumo, de marcos normativos y de discursos técnicos que legitiman determinadas prácticas frente a otras. Las denominaciones de origen, las clasificaciones oficiales —de Burdeos a Barolo, de Rioja a Tokaj—, los estilos codificados y las variedades nobles no son realidades naturales, sino el resultado de procesos históricos complejos, a menudo conflictivos, en los que se negocian identidad, poder y memoria.

España ocupa, en este marco, una posición particularmente fértil. No solo por la profundidad histórica de su viticultura, heredera de tradiciones fenicias, romanas, islámicas y cristianas, sino por su condición de puente entre mundos vinícolas: Mediterráneo y Atlántico, Europa y América, tradición y modernidad. Vinos como el Jerez, el Priorat, el Rioja clásico, el Málaga histórico o los antiguos vinos dulces de Canarias dialogan, en esta categoría, con Tokaj, Sauternes, Barolo, Champagne, Madeira o los grandes vinos del Rin, no desde la comparación superficial, sino desde el análisis de los sistemas culturales que los hicieron posibles.


La figura del sumiller, especialmente en su acepción más exigente, aparece aquí no como mero prescriptor, sino como intérprete de memorias líquidas. Reconocer un vino histórico implica comprender su tiempo, su paisaje humano, sus técnicas de elaboración y sus transformaciones a lo largo de los siglos. Implica saber leer la persistencia de un estilo, pero también sus rupturas: la filoxera, la industrialización, la estandarización del gusto global, y, más recientemente, el retorno crítico a prácticas ancestrales reinterpretadas desde la enología contemporánea.

Por ello, esta categoría no se limita a celebrar la grandeza pasada ni a fijar el vino en una nostalgia inmóvil. Al contrario, se interesa por aquellos vinos que han sabido resistir, adaptarse o reaparecer, demostrando que la historicidad del vino es dinámica. Un vino histórico no lo es solo por su antigüedad, sino por su capacidad de seguir significando algo relevante para el presente: como referencia técnica, como símbolo identitario o como modelo alternativo frente a la homogeneización.


“Los vinos del mundo”, en suma, se propone como un espacio de reflexión avanzada sobre el vino entendido como patrimonio cultural vivo. Un itinerario pensado para lectores con formación sólida en viticultura, enología y cultura del vino, que no buscan descripciones complacientes, sino contexto, profundidad y sentido. Cada vino abordado será tratado como lo que verdaderamente es, una intersección entre tierra y tiempo, entre técnica y cultura, entre memoria colectiva y experiencia sensorial.

Desde esta perspectiva, beber un vino histórico no es solo un acto hedonista, sino una forma de conocimiento. Y escribir sobre él, un ejercicio de responsabilidad intelectual.

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