“Comencé a vagar por todo el imperio en un carro tirado por un búfalo. En el carro llevaba únicamente un barril de vino, que hacía llenar a menudo, y un ataúd. Y tenía un solo compañero de viaje: un sepulturero con su azada”. (Liu Ling).
Hace unos años, Octavio Paz compartió los pensamientos del filósofo Lieu Ling. Este destacado personaje fue uno de los siete grandes poetas de su época, el siglo III a.C., y formaba parte del grupo conocido como “El bosquecillo de bambú”, compuesto por estos siete poetas y otros tantos amantes del buen beber. Lieu Ling escribió un encantador texto titulado “Elogio del vino”, en el que resalta el profundo poder de introspección que puede provocar su consumo. Según Octavio Paz, mientras que hoy en día la embriaguez se percibe como una enfermedad o un vicio indigno, para los antiguos chinos representaba un estado de gozosa armonía con el mundo, una reconciliación momentánea con el fluir de la existencia. El borracho, por un mágico instante, logra equilibrarse en la cima de la ola de la vida. Es un texto que realmente merece ser leído.

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