CATAME. WINES AND THE CITY. MERITXELL FALGUERAS.

"La manera que describo a las personas es como el bouquet de una copa, porque no te puedes quedar con lo que parece a primera vista, tienes que ir a la esencia de la degustación". (Meritxell Falgueras).

Meritxell Falgueras nos invita a descubrir que el buen vino, con sus infinitos matices, es un reflejo de la vida misma, llena de luces y sombras. Un libro que revive la esencia del universo de Sexo en Nueva York. La Cataluña de la vanguardia gastronómica en el año 2010 sirve como telón de fondo para que la reconocida sumiller internacional, Meritxell Falgueras, nos lleve en un fascinante viaje sensorial. En esta aventura, donde ella es protagonista, se rodea de un grupo de personajes únicos, todos apasionados por la alta cocina y las emociones más profundas. Con un estilo fresco, glamuroso y vibrante, además de una exquisita variedad de referencias al mundo del vino, Meritxell Falgueras se presenta como una fuerza imparable, dispuesta a conquistar el mundo y maridarlo con las mejores etiquetas.


Hay libros que no se leen como se cata un vino, sino como se comparte una conversación en una barra, con la ciudad latiendo alrededor. *Cátame. Wines and the City* pertenece a esa categoría, más que un manual, es una crónica emocional donde el vino deja de ser objeto para convertirse en lenguaje.

La voz que recorre sus páginas no pretende enseñar desde la autoridad técnica, sino desde la experiencia vivida. Es la mirada de alguien que se forma en el mundo del vino al mismo tiempo que aprende a moverse por la vida, por la noche, por las relaciones y por una ciudad, Barcelona, que aparece casi como un personaje más. No hay solemnidad, sino ritmo; no hay tratados, sino escenas.

El relato avanza como una sucesión de momentos, copas que se cruzan, encuentros que empiezan con entusiasmo y terminan con resaca emocional, aprendizajes que no siempre vienen de los libros sino de los errores. En ese recorrido, el vino funciona como hilo conductor, pero también como espejo. Cada botella, cada aroma, cada sorbo parece reflejar un estado de ánimo, una etapa, una decisión.

Lo interesante no está en lo que se explica del vino, que es más bien sugerido que analizado, sino en cómo se integra en la vida cotidiana. El vino aparece despojado de su aura elitista, cercano, urbano, incluso generacional. No es el vino de la liturgia clásica, sino el de la experiencia contemporánea, el que acompaña una cita, una ruptura, un descubrimiento profesional o una noche que se alarga más de lo previsto.

Hay también una dimensión de aprendizaje, pero no en el sentido académico. Es una formación que se construye entre bares, restaurantes, errores y aciertos, donde el conocimiento técnico se mezcla con la intuición y con una cierta construcción de identidad. La protagonista no solo aprende a catar; aprende a situarse en un mundo que combina glamour, exigencia y cierta fragilidad emocional.

Maritxell Falgueras

El tono es ligero, ágil, cercano. Se lee con facilidad porque no pretende imponerse, sino acompañar. Y sin embargo, bajo esa apariencia desenfadada, hay algo más profundo, una forma de entender el vino como cultura viva, como parte de un entramado social y emocional que va mucho más allá de la copa.

Como crónica, el libro captura un momento muy concreto, una generación que se acerca al vino desde otros códigos, alejados del academicismo, más vinculados a la experiencia, al relato personal y a la ciudad. En ese sentido, funciona casi como un documento de época, una fotografía de cómo el vino empieza a dialogar con nuevas formas de vida y de expresión.

Al final, lo que queda no es una lección de cata, sino una sensación. La de haber recorrido una ciudad a través de sus vinos y de sus historias. La de entender que, a veces, el vino no se explica, se vive.

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